… en tí

Mi deseo inventa

en tí inventa

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“No eres tú, eres lo que en tí inventa mi deseo”  Seminario 8, La Transferencia. Jacques Lacán

Mi deseo es como un gato herido que grita

rasguña pieles rasgadas

pierde pelo

enferma

Mi deseo es un gato loco que grita retorcido

como si no tuviera piel y todo le quemara

se eriza

bufa

brinca sin motivos

a nadie

a todos

Mi deseo es un gato dios

ronroneando a la eternidad de tu contorno

trinando hambriento a lo largo de tu piel

descansa sólo en tu espalda

la mulle

la marca

Mi deseo inventa

en tí inventa

flores que se enredan en tus piernas

un bosque de hiedras en tus caderas

un bosque parlante

cantante

gimiente

eyaculando

ríos de miel multicolor

Mi deseo inventa mi hambre

mi urgencia por llegar

mi necesidad de exploración

me pierde

aturde

en el escándalo de miles de guacamayos rosas

que viven en tus brazos

en tus besos

me atrapan los miles de hilos

de tus arañas fosforescentes

que tejen tus dedos

Inventa miles de trampas

peligros

desvíos

para que no llegue

para que me tarde

y no beba

pronto

ahora

hoy

de tu río

 

 

 

 

Barco de papel

Yo soy un barco de papel.

escrita por dentro y por fuera

llena de letras

de palabras

de oraciones

diálogos eternos

cantos

diatribas

endechas

imprecaciones

Yo soy un barco de papel

ligero mas cargado

flotando

al borde del precipicio

no caben más que palabras

no soporta otro peso

cada palabra escrita en mí

delata un inmensurable deseo de huida

anhelo de no tocar tierra nunca más

de ir dónde los carácteres sean ilegibles

nada más el testimonio de lo indescible

de ese grito que se escapa entre las palabras

dónde sólo se perciba el murmullo de la agonía

de la vida

de la muerte

del deseo

del dolor

un testimonio de que las palabras

no son

algo más

que marcas

tatuajes

que cubren

eso

insoportable

eso

más destructor

que los hechos

que los golpes

que el olvido

la cicatriz

de la herida

que alguna vez

asestó la Vida

 

 

 

 

Verbos que cuestan o deberían: Amar, desear,adorar

La tradición de las palabras es a veces más fuerte que su significado, la connotación que les damos parece que las subyuga al tiempo y espacio donde son pronunciadas.

Por eso nos da miedo decir algunas palabras y usamos otras para atenuar nuestros sentimientos, por eso usamos algunas casi como saludo, quitándoles el aire sagrado pero fingiendo que no.  Amar, querer, adorar, desear.

Le digo tanto a mi hija que la amo y a veces pienso que no lo siente ya demasiado, pero yo qué sé qué siente o no mi hija, podría intentar por lo profundamente negros que se le ponen los ojos cuando lo oye, como si le cayeran gotas de intensidad al oírlo, pero en realidad no sé, sólo sé que se me escapa decirlo, y a veces se me escapa también en otras situaciones y con otras personas, así como se sale el aire o se van las miradas tras algo que atrae demasiado, tras algo que se desea demasiado.

Desear por ejemplo es algo que en México lo hemos atado tanto a lo sexual que decirle a alguien “te deseo” parece que se circunscribe a coger. Pero ¿qué es desear a alguien? ¿Qué es desear? De las distintas acepciones que presenta la RAE me gusta esta:

Anhelar algo con vehemencia

y ahí va el bucle: Anhelo: –Deseo vehemente

pero aquí se vislumbra un poquito más: Vehemente:

-que tiene una fuerza impetuosa

-ardiente y lleno de pasión

-Dicho de una persona que obra irreflexivamente, dejándose llevar por sus impulsos.

Entonces desear a alguien es cosa seria, algo que no cabe y no se acaba en el cuerpo. Algo que no se consuma sin arder, sin fuerza, sin irreflexión, sin dejar ir los impulsos. Dado que a alguien no se le puede tener porque alguien no es algo y ser alguien involucra ser infinito, inabarcable, incompresible, desear a alguien es arduo y agotador, imposible de lograr, una llama constante, un vivir abrasado en un propio impuso por ser seguir ardiendo.

Quizá decir Te deseo sea una de esas frases que uno no debería decir porque involucra mucho más de lo que tal vez se esté dispuesto a comprometer, porque es como anunciar una cruzada, como pararse al filo de un abismo sin fondo, como proponerse a contar cada grano de arena, como irse a cazar nubes.

Y eso ¿no es amor? ¿cómo separar una persecución así de encarnizada del amor, de la adoración? ¿No estamos con-fundiendo verbos?

La RAE dice AMAR:

-Tener amor a algo

-Desear

 

Pero no queremos decir lo mismo al decir Te deseo al decir Te amo, no habitualmente al menos, pero ¿no?

ADORAR:

(dos acepciones) -Amar con extremo

-gustar de algo extremadamente

Quizá al final lo único que no podemos cuestionar es que Desear, Amar, Adorar, hablan todas de extremos, de intensidades, de impulsos, de irreflexión, palabras que no admiten mesura o actuar “sabiamente”. Tal vez hagamos bien en no decirlas a menos que se nos escapen o nos acuchillen por dentro antes de salir.

 

 

 

De espera y ausencia

Los solitarios no creen en los arribos pero sí en las despedidas. Los abrazos sólo son el preámbulo de la separación, del desintegrarse, despellejarse, des tro zar se

“Te busco más allá de la espera/ más allá de mí mismo/ y ya no sé cuándo te amo cuál de los dos está ausente.”  Paul Eluard, El amor, la poesía.

Los solitarios esperan.
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Eso hacen, se cobijan con frío para no dejar de esperar el calor.
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No saben hacer otra cosa, siempre expectantes de lo que no sucede, de  lo perfecto, de lo intangible.
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Los solitarios no creen en los arribos pero sí en las despedidas. Los abrazos sólo son el preámbulo de la separación, del desintegrarse, despellejarse, des tro zar se
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Los solitarios son videntes. Argos que disciernen mil futuros, mil presentes alternos. Oráculos ciegos a la realidad.
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Sus plegarias son más o menos así:
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“Oh si me dejaras entrar al reino multiverso del Si donde todo es imposible pero reversible. Si tan sólo yo pudiera experimentar las mil vidas que he soñado y perder de mil diferentes formas lo que ya he perdido. Si tan sólo yo pudiera morirme de otras mil maneras, sufriendo mil dolores inverosímiles e inmortales. Si tan sólo tú quisieras dejarme saber los mil secretos que no me he querido decir en las mil bocas, que son siempre la misma, de los mil rostros amados; si tan sólo tú que todo lo puedes me dejaras transitar las mil miserias impertérritas de los mil universos que jamás he podido tocar y, esperar en todos ellos la perfecta ausencia, la más real y definitiva, la más desoladora y profunda, la más eterna. Oh si me dejaras ser solitario por siempre en el flujo desconsolado de las mil vidas que jamás dejé de soñar.”
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No esperamos nada que no sea todo, nada que alguien realmente nos pueda dar.

Pensamientos difusos sobre la soledad

porque lo importante es la magia, esa magia que bordea el rostro con dedos de seda, que puede contemplar por minutos eternos otro rostro y se reconoce en un silencio sin artilugios ni subtextos, en un silencio elocuente y cargado de significados indescifrables pero sí transmisibles.

He pensando arduamente sobre la soledad en estos días.

Mi hija es hija única, no porque no hayamos intentado darle una fraternal compañía ni porque sí, es porque el destino es y el cielo es y ya. La veo aburrirse sola, desesperarse sola, jugar sola, ponerse triste y feliz sola. Me duele. Puedo jugar con ella pero no sus juegos, no sé sus juegos, no puedo entrar a ese mundo tan suyo y sin palabras pero no sin sonidos, no me sé el código. A veces cantamos, bailamos y brincamos juntas. A veces estudio con ella y eso rara vez es divertido, en ocasiones lo logro. También, no muy seguido tocamos cada quién su guitarra. Pero sé que el hueco de amistad y cercanía que ella quisiera no lo puedo llenar yo. Me acuerdo de mí, de los años que pasé sola, de mis juegos, de mi ilusión por encontrar a alguien con quién jugar y compartir mi mundo, mis cuentos. Sí tuve amigas en la infancia, pocas e inconstantes.

Pocas e inconstantes porque -y ahí va la primera difusión– creo que los solitarios tenemos la vocación de solitarios, somos como una raza distinta, como la ballena que vibra en su propia frecuencia y va nadando sola por el mundo aunque halla miles de ballenas. Así, siempre hay una niña, un niño, que en medio de los otros no vibra igual, por ratos puede jugar y perderse. Y qué bonito es perderse! Esos minutos que se vuelven horas y no importa como se llame el juego, ni que tan en juego ni que tan en serio, porque lo importante es la magia, esa magia que bordea el rostro con dedos de seda, que puede contemplar por minutos eternos otro rostro y se reconoce en un silencio sin artilugios ni subtextos, en un silencio elocuente y cargado de significados indescifrables pero sí transmisibles. Y los solitarios sabemos de eso, claro que sí, porque no pasa mucho, porque pasa tan poco y es tan maravilloso que no podemos ser indiferentes, el problema es -siempre hay un mendigo problema- que es fugaz, ese otro, esa otra, no son parte de nuestro mundo, no pertenecen a nuestro código postal, ni a nuestro tiempo, ni, a veces, a nuestro huso horario -si pertenecieran no seríamos solitarios-.

Y qué lindo es cuando dejamos de ser solitarios, o más bien cuando se arma una pareja de solitarios, un trío de solitarios, un cuarteto, o quinteto -o, basta! eso ya es una orgía, un exceso, de plano un cártel de solitarios es posible?- Qué bonito es cuando puedes llegar todos los días y estar CON alguien, hablar CON alguien, ser. Saberte en territorio seguro, parlar, errar, jugar, desnudar, desanudar, reír.  Así no pesa el mundo, no importa como vibre ni lo que diga, no importa incluso si realmente existe o no. Qué lindo tener un mundo aparte, con otros códigos, otro sistema, otro ritmo, otro color, otro cielo, otro infierno, otras crisis, otros miedos, otro todo, todo nuevo, todo propio, todo cierto. Un mundo pequeño más fuerte que el de afuera y más eterno -aunque dure unos días o meses o horas- más exquisito, mas real.

Resulta triste cuando eso llega a pasar con un no solitario -poco, pero llega a darse el equívoco- porque el solitario por vocación parece que siempre está reteniendo al otro, parece que siempre está tratando de aferrarse al último hilo de la camisa del otro para que no lo abandone por la manada de divertidos, por el grupo tan carismático de los sociables, por más que sepa que el compañero o la compañera se irá el miedo a la soledad es tan terrible que, intentará arduamente retener un momento más esa partícula de comunidad.

-Aunque los solitarios más que comunidad o compañía o camaradería tenemos hambre de intimidad. Eso quizá sea lo que nos distinga de los otros. No se trata de estar o no estar, de tener o no tener, gente o con gente, se trata de intimar, de no ser de mentiras ¿sabes? De no necesitar disfrazarte o contenerte o desfigurarte para que te acepten, se trata de poder prescindir de las cortesías no por se rudo sino porque cortesía con ternura y consideración y comprensión y empatía rara vez tienen que ver. Y los solitarios sentimos esas formalidades tan falsas, tan poco acogedoras, que nos agota cuando nos las procuran y cuando tenemos que seguirlas. Queremos intimidad, complicidad.-

Y no es que la soledad sea TAN terrible. Resulta buena, incluso aburrirse es bueno. No lo niego, disfruto mucho cuando todos se van y puedo apagar todas las luces, poner música, estirarme en el sillón y simplemente ver el estúpido techo. O este momento en la mañana de vacaciones mientras mi hija todavía duerme y puedo escribir mientras tomo café y nadie me interrumpe; o caminar sola, con los audífonos puestos o no, me gusta viajar sola, lo he dicho mucho, hablo sola, me hago chistes sola y me salen buenos, digo, me río. Mi hija también se ríe.  Pero… despertó, está a mi lado en mi silla y tenemos que desayunar.

 

 

Mi pensar y sentir sobre la marcha del 16/08/19

El viernes mi hija se enfermó del estómago, eso me hizo no estar tan pendiente de “la Marcha de la Brillantina” aunque quisiera. Como hasta las 11p.m.  leí un mensaje en whatsApp ¿Qué piensas de esta marcha feminista en el Ángel?

Nunca he ido a una marcha. Me da vergüenza, en los últimos años mi país ha experimentado situaciones tan horrendas e injustas que debí haber estado en alguna de las muchas marchas expresando mi rabia. Pero no lo he hecho, no sé si tengo razones, pero mis excusas han sido que no tengo con quién ir y me da miedo ir sola, y la otra, quizá más profunda: me da terror volverme un ente casi zombie en una masa furiosa. Siempre tengo eso en mente en todos los eventos masivos, en la iglesia, en los conciertos, en la ferias, -incluso en el metro-, es fácil volverse parte integral de eso enorme y reaccionar sin pensar en medio de “eso”, es fácil hacer lo que los demás hacen, contagiarse de la emoción colectiva, ser parte de sus expresiones y movimientos; siempre trato de estar alerta de no dejar de ser yo, de no perderme dentro de ese flujo. Sé que en una marcha así de sentida me sería muy fácil mimetizarme, ser estopa.

Contesté el mensaje de whatsApp diciendo que necesitaba más información para saber qué pensar y me subí a mi estudio a trabajar en la reseña que debía entregar; como muchos de ustedes tengo la maña de estar checando Facebook mientras trabajo, de tal forma que en lo que escribía sobre una de mis series favoritas me fui enterando, de las pintas, de lo del metrobús, del reportero. Lo del reportero me indigno cuando lo leí, al ver el video me quedó claro que no fueron las manifestantes. El video de metrobús me dejó varios minutos sin saber qué sentir, ni qué pensar. De hecho tuve que ver varios videos desde varios ángulos, ver las reacciones de las chicas, de los expectadores, de las “vándalas”. Fue muy fuerte también ver el Ángel todo pintarrajeado, en verdad lo fue, amo ese lugar, amo -aunque suene cursi o lo sea- lo que representa. Lo que representa…

Seguí escribiendo, sobre reclusas, sobre derechos, sobre mujeres y los abusos que reciben,  mientras escribía se fueron mezclando recuerdos propios, de amigas, de conocidas, de noticias que había leído. De la vez que a mí y a mi amiga nos persiguieron en la noche, con una camionetota negra por varias cuadras y tuvimos que escabullirnos por varios lugares hasta que nos perdimos de su vista, sólo por devolver una sonrisa. De mi (ex) amiga a la que su exesposo la jaloneó tan fuerte del cabello que le hizo sangrar el cuero cabelludo. De una chica familiar a quién su padre le rompió la nariz porque sí, porque es su hija. Del grito de Marisela Escobedo cuando recibió el falló de la jueza que dejó en libertad al asesino de su hija. De la chica embarazada a quién su novio mató y encerró su cuerpo en el closet mientras escapaba, de Lesvy, de calcetitas rojas, de las fotos de los cuerpos dejados en las carreteras. Sé que no es muy inteligente, no necesité mucho tiempo para armar un argumento, encontré esta foto y supe que era perfecta para dar mi posición sobre esa marcha en el Ángel:

si mañana soy yo

Una amiga dijo que si algo así le pasaba a su hija ella solita quemaba la puerta de Palacio. Yo no me atreví a pensar en mi hija porque cuando empecé a imaginarlo el dolor fue tan grande que se cortó la imagen.

Decía que amo lo que representa “el Ángel”. He dicho varias veces que fui criada para ser muy patriótica. Cuando vi el monumento rayado me vino a la mente “y sus templos, palacios y torres, se derrumben con hórrido estruendo, y sus ruinas persistan diciendo: de mil héroes la patria aquí fue”, -soy bien ñoña y me sé de memoria varias estrofas del himno nacional-, luego encontré una reflexión parecida a la mía en Facebook. ¿Qué significan los monumentos, los símbolos, para nosotras? ¿Esa “victoria alada” nos representa a nosotras las mujeres? Durante muchos años creí que sí. Creí en el “nosotros”, creí en la “sociedad”, creí en el pacto colectivo de la mexicanidad. Pero a las mujeres además de nuestra clase social, de nuestro color, raza, y nivel educativo, nos atraviesa nuestro género. Sí, en México hay impunidad, la sufren todas las clases sociales pero más los pobres, y de entre los pobres mucho más las mujeres. En México hay violencia, pero la violencia hacia la mujer es muy específica, su saña es muy característica, está amparada en todas las clases sociales y es minimizada sistemáticamente por la sociedad. Somos agredidas en cualquier lugar o rubro en donde nos movamos, la Independencia no se aplica a nosotras, los derechos políticos, de empleo, de libre tránsito, ni el más básico, el de la vida. Creo que las pintas y los destrozos son un grito genuino de rabia, pienso que es fiebre con convulsiones, delirios y vomito. Al leer los comentarios misóginos en reacción reafirmo que se trata de fiebre; México está enfermo de machismo y misoginia, muy infectado, muy podrido. México está pudriéndose en indiferencia y estupidez. Los feminicidios son sólo la punta del iceberg, y son muchos. La violencia engendra más violencia, -hay videos de manifestantes agrediendo hombres y mujeres- cierto, pero quién es el responsable de la violencia ¿quién la sufre y ejerce o quién la provoca? Estamos enfermas de violencia, hemos sido alimentadas con violencia. Muchas veces he deseado que  superemos estas actitudes de “macho violento”, pero ¿en este momento es posible? Por otro lado  ¿son actitudes de “macho violento” o son actitudes y acciones de alguien rebasado por la violencia y por la rabia? Definitivamente no es inteligente, pero es real. ¿Está justificado?

Leo a Poniatowska desde su alto nicho y me da risa. Esto, lo que pasó el viernes -y sigue pasando- es una revuelta, el tiempo dirá si se justifica históricamente como revolución. En una revuelta hay daños colaterales, que duelen porque manchan las razones y las demandas, pero suceden, siempre suceden. Decía Paz que la Revolución fue una fiesta, así de espontánea, así de irracional, así de necesaria. Este movimiento feminista tiene mucho de fiesta, mucho de espontáneo, es bien necesario, México lo estaba pidiendo a gritos, las mujeres asesinadas lo estaban pidiendo a gritos. Deseo que encontremos maneras cada vez más racionales pero no menos poderosas. Ojalá contemos con más aliados y tengamos más frentes, ojalá no sólo sea un movimiento de masas sino de reflexión personal y que cada mujer y cada hogar se vuelva una trinchera, ojalá más hombres se asqueen de las conductas machistas y misóginas, ojalá los gobiernos actúen defendiendo los derechos de las mujeres no por corrección política o simulación sino porque es justo. Ojalá encontremos más variadas y acertadas maneras, mientras tanto habrá que seguir usando la brillantina violeta.

 

 

 

 

 

 

Piel

Eterna planicie sin accidentes, lisa como las certezas, como el engaño, como lo muerto pero viva.

Lisa pero porosa, como un barro muy lijado sin embargo caliente, latente, elástica y vibrante.

Suave como soñar, como creer. Larga como el insomnio y el dolor.

Increíble. Es decir no verosímil.

Color miel y demasiado dulce. Una trampa sin laberinto. Un engaño sin mentiras. Alucinación, quimera. Imposible.

Como un río en calma que entraña tempestades. Como la superficie del sol desde la tierra.

Piel recorrida, habitada mas indómita. Territorio de nadie, puerto inseguro, jamás un lugar de arribo. Extraditada, extraña, exótica, experiencia más allá de la muerte, más allá del deseo, más allá del abismo, más allá…

Mapa sin líneas. Tierra sin pueblos. No hay sombra sólo calor y fascinación. Para morirse de sed y de angustia. Para viajar cuando ya no se quiera vivir.

 

De qué escribir cuando no sabes qué escribir

Se supone que una escribe porque tiene algo qué decir.

Decir:

  1. articular, pronunciar o emitir los sonidos de una lengua
  2. comunicar una cosa con palabras

Pero si no hay nada articulado en tu mente y aun así quieres emitir sonidos aunque no estén en ninguna lengua conocida ¿tienes algo qué decir? ¿cuál es el verbo para comunicar alaridos, suspiros, balbuceos, ahhhh de distintos tamaños y consistencias? ¿eso se puede comunicar? Me gustaría conocer el idioma de las nubes para saber cuando es tiempo preciso de llover.

Esa sería una linda habilidad, útil además, saber llover. Llover y tronar cuando no salen palabras, cuando articular o tratar de hacerlo es una falta de respeto a todo el ruido que te suena en la cabeza y en las entrañas.

Quiero llover y tronar, relampaguear, estallar y reunirme de nuevo, formar figuras extrañas y reconocibles con los girones de vapor que aun me quedan, quiero ser nube, chocar, arder, brillar y apagarme, sonar, ser un concierto de chasquidos, raspaduras, destellos,

…………………………..di

……………………………………..sol

…………………………………………………ver

………………………………………………………………..me

 

 

 

Avanti morocha!

Llegué al seminario en una tarde sofocante como la mayoría que recuerdo en Texas. El sol hacía brillar el asfalto y las banquetas, todo era amarillo arenoso, el ambiente asfixiaba, entonces la vi. Caminaba con alguien más, otra mujer, no tengo idea quién era, pero ella parecía ir en pasarela, delgada, alta, con una sonrisa demasiado pícara y unos ojos demasiado verdes, entonces mi hermano dijo ella es Blanca Santander.

La primera impresión dicen que jamás se olvida, la impresión que yo le dí seguramente no fue muy buena, la de ella para mí ha resultado inolvidable. No sé porqué. Después de ahí se borró de mi mapa varias semanas, tengo imágenes vagas de ella haciendo muecas de desaprobación hacia mí, pero eso no es raro, yo causo normalmente rechazo en las demás mujeres, son pocas a las que les caigo bien de primera vista. La verdad tampoco me importó mucho, el pequeño mundo del seminario con sus horarios estrictos, reglas -para mí- absurdas, el enorme caleidoscopio de rostros, costumbres y acentos “latinos” ocuparon intensamente mi tiempo y mi mente, eso y la nostalgia por México.

Blanquita y yo

No sé cómo, cuándo, ni por qué me empezó a hablar. Sé que fue ella quién se acercó a mí. Pero de pronto la vi ahí, cercana, como una confidente y cómplice. En ese tiempo la tristeza me la curaba a besos y como la tristeza me atacó en forma de amor traspapelado encontré un mexicanito bien puesto a servirme de cura. La cosa es que el mexicano en cuestión y yo nos besamos clandestinamente en uno de los edificios vacíos, -siempre estaban vacíos o semi vacíos los fines de semana, digo, siempre habían parejitas besuconas que los semiocupaban- y mi hermano estuvo a punto de entrar a ese edificio semi vacio donde su hermana se curaba la tristeza a besos, sino hubiera sido por la lealtad y complicidad de Blanquita Santander me hubiera agarrado con los labios en la boca. Igual no hubiera pasado demasiado, nomás la pena, el enojo porque el mexicanito en cuestión no era santo de su devoción, pero fue bueno que alguien me cuidara las espaldas sin saberlo y sin pedirlo.

Hay personas, pocas personas, que pueden llamarme como quieran, a ella le gustaba llamarme “viborita”. Es chistoso porque yo odié mucho tiempo que me dijeran así, “viborita” era como mi apodo obligado, siempre me lo decían con saña, con ganas de joder, ella no, en ella sonaba bonito, infantil, juguetón. Varias veces, sin querer, la caché dandose besotes felices con su novio en los salones vacíos y oscuros y en el pasillo del correo. Una de esas no se aguantó y me dijo Viborita te voy a poner un cascabel para escuchar cuando te acercas. 

Ella es paragüaya. Su acento es más suave que el argentino, habla guaraní y tiene una autoestima y seguridad como yo nunca había visto. Me contó que cuando llegó Texas se quedaba horas viendo hacia el sur, anhelando ver gente como la gente de su tierra, no morocha como yo, no güera como los gringos, sino de ese color sudamericano mezcla de alemanes, italianos, españoles y guaranís. Qué color tan lindo tenés vos me decía, Viborita si vos hubiera sido chico yo tendría muchos problemas, me dijo alguna vez. Después de regresar de vacaciones de navidad se me ocurrió llevarle dulces mexicanos, un tamarindo con azúcar, su expresión fue super graciosa, parecía gatito tratándose de limpiar la lengua, qué es esto viborita! Con nosotros, la horda de mexicanos, aprendió a tomarle gusto a las salsas, a soportar el picante y apreciar la comida mexicana. Cómo extraño los domingos en casa, decía, los cortes asados y el vino criollo. 

Ella se quedó a vivir en gringolandia, hace muchos años que no la veo, recuerdo mucho su sonrisa, su inteligencia, su segura personalidad; cuando la extraño mucho pongo la canción que dijo que era para mí: Avanti morocha de Los Caballeros de la Quema, y si de plano me agobia su nostalgia también me receto TutaTutá de los Auténticos Decadentes, porque me hacen recordar la noche después del horrible convivió de navidad, con un frío de perros, cantamos a los gritos mi paragüaya favorita y yo “se viene el TutaTutá”.

 

 

 

 

 

 

 

Hace seis años explotó una estrella

Un amigo me comparte un recuerdo suyo de hace seis años, de esos que nos hace favor Facebook de traer a la memoria, me hizo recordar que pasado mañana hace seis años tembló y yo estaba en el quirófano. En ese momento pensé que obviamente eso tenía que pasarme para completar, con cereza de pastel, mi evento desafortunado. Estaba a punto de experimentar un legrado.

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De haber nacido mi hijo habría sido de octubre, estaría por cumplir 6 años, su nombre sería “Israel”. No pienso mucho en él, era él, niño. He imaginado muchas veces su rostro, sus ojos, no sé porqué pienso que tendría ojos tristes, que tiene en algún lugar ojos tristes. Digo que no pienso mucho en él porque de verdad no lo hago, aunque soy de vocación nostálgica no es él alguien a quién suela añorar.

Cuando supe que estaba embarazada de él no me dio gusto. Mi hija tenía a penas dos años, requería mucho trabajo, mucha atención, mucho dinero, todo mi tiempo era para ella y a veces me sentía exhausta, tampoco teníamos en ese tiempo tanto dinero como para otro bebé. Cuando me imaginaba con un bebé de brazos y una niña, aun bebé, de dos años que todavía no caminaba y era altamente demandante, me daban ganas de llorar y brincar del techo. Además tenía miedo de que también naciera con síndrome down. Sé que eso podría hacerme ver cobarde ante tanta madre tan madre, tan fregona, tan capaz. Pero no importa, tenía miedo, me sentía abrumada, no me atreví a atentar contra su vida, no es algo que yo podría hacer, también soy cobarde para eso. La mayoría de las veces que pensaba en él tenía que hacer un esfuerzo de optimismo para imaginar algo agradable, una visión feliz. Sin embargo cuando empecé a sangrar, cuando me dijeron que se estaba destejiéndo el saco, cuando me dijeron que el bebé tenía tres semanas muerto dentro de mi vientre y empezaba a corromperse, dolió.

¿Qué es un hijo? Antes de nacer es puro deseo. A veces es un deseo que no sabías que tenías. Un sueño, una ilusión, pura promesa, un nuevo comienzo, algo nuevo, desconocido, inédito. Tal vez hubiera amado a su hermana, tal vez pudimos bailar muchas veces bajo la lluvia, tal vez pudo ser mi persona favorita en todo el mundo, tal vez hubiera… Lo que sé es que todo lo que él era flotó en un frasco, menos lo inaprensible, menos lo inmarcesible e incorruptible de su ¿alma? ¿Un no nato de cinco meses tiene alma? Una estrella colapsó tan lejos que tal vez de anciana pueda ver por primera vez su luz.

Sé que mucho de lo que soy ahora, de cómo pienso ahora, de cómo siento ahora, tiene que ver con su ausencia, con la marca que su inexistencia corporal dejó en mi vida.  Nadie puede seguir siendo igual después de arrullar tres semanas a la muerte, de acariciarla, de esperar que sea algo más que muerte. Si lo que no te mata te hace más fuerte, después de seis años y dos abortos más, yo soy invencible.

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Lo que yo pienso del final de GoT

Estuve escribiendo, para otro medio, por varias semanas sobre los personajes, -sobre todo femeninos-, de la serie. Me gustó la experiencia pero no me quise quedar con las ganas de hablar, desde mi ronco pecho, sobre varios pensamientos que se me vinieron a la mente en las últimas transmisiones de la serie.

Primero que “susto” darse cuenta de su “globalidad”. Pensar que habíamos millones de personas alrededor del mundo esperando el final con ansia y luego viendolo atentamente es  escalofriante. Si lo pienso de forma más juiciosa me da vergüencita ser parte de esa gran masa que, de todo pueblo, lengua, idiosincrasia y religión estuvo atenta durante años a las transmisiones de la serie. Pensarme dentro de esa multitud que está siendo aleccionada y dirigida por algo tan poderoso que ni siquiera tengo claro qué es me causa inquietud. Pienso que las series televisivas en particular, y el entretenimiento en general, se ha vuelto la nueva gran religión universal. Tan así que nos agrupamos en familia, en grupos de amigos, incluso en comunidades más grandes, puntualmente cada domingo para no perdernos detalle.

Sin embargo aquí estoy hablando de la serie. 

Segundo los grupos de fans airados porque los capítulos finales de la serie no fueron lo que esperaban. Yo soy totalmente nueva en esto de ser fan. -Es la primera serie que desde el principio, cuando la encontré, seguí fielmente-. No sé si es común que se creen peticiones en Change.org para que los productores rehagan la última temporada de las series populares. Según yo esto es nuevo. Me parece increíble que algo así suceda, es decir, el mundo por todos lados se está cayendo en pedazos ¿y neta esa es la petición que se les ocurre hacer pública en Change.org?

Y sin embargo aquí estoy hablando de la serie.

¿Por qué? La primera respuesta, tal vez la más honesta, es que me gustó la serie, me atrapó. Después me parece interesante el fenómeno global. Y por último, tuvo personajes muy entrañables cuyos finales en la serie me parecen interesantes y cuestionables

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Jaime con Cersei

Me cae gordo que  digan que arruinaron “el arco” del personaje porque regresó a morir con la mujer que amaba. Él es el hombre más coherente con sus sentimientos de toda la serie. Todo lo que hizo lo hizo por ella. Incluso fue a pelear contra los muertos para que su último hijo pudiera vivir. Sí, tal vez en otro mundo, en otras circunstancias, con otra historia de vida, Brianne pudiera haber sido su amor; lo intentó, quiso quererla o tal vez de alguna forma la quiso, pero no así, no tanto. Todos, -espero que sí todos, porque si no que vida más aburrida-, hemos tenido el conflicto de quedarnos con la persona buena, que tal vez nos hará mucho bien, o con esa persona que a pesar, en contra, por encima y por abajo de todos, amamos. Y no me salgan que porque ese alguien sea “odios@” lo dejamos de amar. (Me encantó el amor de esos tres hermanos. El amor de Jaime y Tyrion, el amor de Tyrión por Cersei y Jaime, el amor/odio de Cersei por Tyrión porque si no hubiera sido amor, en la última negociación frente a la muralla ¿no pudo haberlo matado con la misma facilidad que mató a Missandei?).

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La supuesta locura de Daenerys

Dany no se volvió loca, simplemente se dejó ser. Yo pensé de primer momento que su masacre hacia King´s Landing era un impulso, dejar fluir su odio regocijándose en lo vil de su comportamiento. Pero revisando sus actitudes, sus acciones, ese era su modo de “ganar”. Nos gustaba porque sólo quemaba “a los malos”, pero sus acciones “justicieras” siempre fueron una decisión unilateral desde su pedestal autoconstruido de grandeza. Su último discurso fue muy elocuente con su pensamiento, no hizo nada malo, nada impulsivo, fue un acto de justicia y de liberación. Creo que nos impactó porque la imagen de conquistador cruel, al menos en la Historia Mundial, siempre la ha representado un hombre; daba ilusión que una mujer conquistadora fuera distinta ¿pero una persona, sin importar su género, que haga su motivo de vida  conquistar y reinar sobre otros realmente puede tener una “mente distinta” a un tirano? Ya sé, la respuesta es tan obvia que no entiendo porqué nos sorprendimos.

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Bran rey de Westeros

La verdad no me disgustó pero tampoco me encantó en un primer momento, ni en un segundo. Pero escuché esto en una de los tantos análisis en youtube: “que un chico discapacitado, que deseaba morirse, al que intentaron matar varias veces, que no esperaba tener ningún futuro sobresaliente por su discapacidad, llegue al trono, me parece grandioso”. Y ahí sí no pensé tanto a nivel de personaje sino de impacto social. Hay muchos tipos de discapacidades tanto físicas como intelectuales, pero la peor es nuestra discapacidad para apreciar todo el potencial que tienen las personas “rotas” e improbables. El que ese niño, se haya convertido en el “Cuervo de tres ojos” y con ello en la Memoria de la Humanidad me parece hermoso, y que se haya privilegiado la historia, a la fuerza, la personalidad, o la capacidad combativa me parece esperanzador. Quisiera ver más personas con alguna discapacidad en lugares de gobierno, no para cumplir una cuota de corrección política, sino porque nos dimos cuenta de su capacidad. -Es decir que nuestra discapacidad no sea tan obvia no nos quita lo discapacitados, y que sus capacidades no sean tan visibles no les quita lo capaces-. Me gustaría ver también más historiadores en lugares de gobierno, creo que lo harían mejor que los economistas.

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El castigo de Jon

Sí fueron bien injustos con este personajazo. Siempre. Sí me dio tristeza. Qué bueno que no se quedó como lobo abandonado aullando sólo sus tristezas en el Muro. Qué bueno que se fue con los salvajes a los que no les importaba su apellido – no se pasen, hasta a Gendry dejó de ser bastardo y el jamás-, o su magnicidio, con los únicos que lo veían con agradecimiento, admiración y cariño, con Tormund, su lobo y, quizá, con otra Ygritte, en el único lugar dónde fue realmente feliz. Y él me hace pensar en que si la Historia la escriben los ganadores, los que se quedan en el trono o en el palacio de gobierno, realmente no tenemos ni idea quiénes son nuestros verdaderos héroes, esos a los que la libertad, los derechos, incluso los privilegios que tenemos, les costaron todo, su nombre, dignidad y, a veces, hasta su gran amor.