Migrantes

“Y no angustiarás al extranjero: pues vosotros sabéis cómo se halla el alma del extranjero, ya que extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto.” Éxodo 23:9

El domingo en la noche vi Brooklyn. No tengo ninguna opinión objetiva o estética sobre la película. Más que gustarme me dio ganas de llorar. Yo también he sido migrante.

Recuerdo mi año en Texas. Texas es tan límbico. Decía un gringuito “esto no es México ni tampoco Estados Unidos, esto no se parece a nada”. Tengo varios recuerdos de nostalgia, no mía solamente, sino de muchos que llegando tan lejos de sus hogares de pronto no podían soportar el aire de ahí. Un chavo llegado de Nicaragüa tuvo un choque cultural tan fuerte las primeras horas al llegar que se pasó su única noche llorando agarrado al teléfono y en la mañana siguiente, sin querer conocer la escuela, a los demás alumnos, nada, simplemente se fue.

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Migrar, vivir en otro lado, no es para todos. La mayoría de los estudiantes lo juzgamos de cobarde, sus padres habían gastado tanto mandándolo ¿cómo pudo desperdiciarlo de esa forma, sin siquiera intentarlo? Una vez una prefecta del dormitorio de mujeres regañó públicamente a un grupo de nosotras, nos llamó infantiles e inmaduras, y una de las chavas venida desde Ecuador le contestó “a mi edad sé lo que es vivir lejos de mis padres, de mi familia, tener hambre y no tener dinero, y me levanto todos los días para seguir estudiando y dando lo mejor de mí, no se atreva a decirme inmadura”. Lo dijo llorando, como se dice algo que en verdad te cala. Recuerdo a mi amiga paraguaya, se paraba en la carretera que iba hacía el sur, imaginando, tratando de ver y ver el camino sin parar, tratando de que su alma llegara derechito a su ciudad. Ella no me lo dijo, pero alguien sí, le pedía al único otro paraguayo en la escuela que le llamara sólo para hablar en guaraní, para escuchar un acento parecido al casa, para no sentirse tan a la deriva.

Recuerdo a mi roomie boliviana hablando de las montañas de arroz que le servía su mamá, a mi amiga canadiense añorando su finca, los osos de alrededor; a mis amigos de Bonhaire pensando en sus playas, siendo tan cultos en un mundo tan cerrado como Texas. Me recuerdo a mi y a los demás mexicanos añorando el pozole para el 15 de septiembre (que ni me gusta), los panes de muerto en noviembre (y eso que no ponemos ninguno ofrenda), los tacos de canasta en el descanso diario.

No todas las migraciones son tan dramáticas. Aun dentro del mismo país cambiar de Estado, de ciudad puede ser duro. Pasar días, meses sin ver los rostros que más amas, sin escuchar chistes, chismes, risas comunes. Pasar del asombro a la ceguera, viendo todo tan igual, tan vacío, sin lazos. Todos los que hemos vivido en otro lado, aunque sea poco tiempo, recordamos las lagrimas a escondidas, atrás de un refri, en el patio o la azotea, viendo la carretera, o el cielo, o algo que nos dé un gesto de empatía, de casa.

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Pocas cosas te hacen crecer tanto como migrar; no es lo mismo que viajar, viajando sabes que volverás, al viajar todo es asombro, sólo ves lo mejor de todos los lugares, no necesitas chocar, herir, ser herido; migrar te transforma porque te obliga a echar raíz, en qué, en quiénes, sólo te queda cimentarte en ti mismo, tu única casa terminas siendo tú. Te abre y te acerca, te hace crecer el corazón, la familia es tu familia aunque no tengan una sola gota de tu sangre. Aprendes a colonizarte, a conocerte y construir tu propia cultura, tus redes físicas, virtuales, espirituales, se vuelven más fuertes. Te obliga a construir de otra manera, estructuras imposibles para los que nunca han cambiando de lugar.

Por el master del viento

Hace años, cuando estudiaba composición,  decía que no me gustaba la flauta, entonces vi tocar a Claire Chase, todo cambió, luego a Willy Terrazas.

Tengo un vago recuerdo de él aun más antiguo. Era el Primer Festival de Música Contemporánea en Morelia y él dio una charla; la verdad no recuerdo mucho, sólo que no me gustó, pero siendo honesta en ese festival yo estaba preocupada porque las cosas no iban bien con mi novio, entonces nada más importaba tanto.

No recuerdo a partir de cuando su presencia, su sonido, empezaron a volverse “familiares” para mi. Sólo que no había festival de música contemporánea que valiera la pena y él no estuviera. Recuerdo un recital en particular, en Querétaro, yo había ido a una de mis pocas clases de música electrónica que me dio el profe Nacho Baca, y en la tardenoche con Rafa Romo nos encontramos en el teatro dónde Willy, Claire, otro músico de ICE que no recuerdo quién era, y Nacho iban a tocar. Ahí crucé dos palabras por segunda vez con J.J. Bárcenas, -es chistoso recordarlo porque las dos veces que pudimos hablar en vivo hubo esa chispa rara de alguien que sabes que no te va caer del todo bien, afortunadamente existe Facebook-. Bueno, pues ahí estábamos, en el lugar había sobre todo músicos y estudiantes de música pero de pronto entró una familia completita, con toda pinta de turistas locales, parecían muy entusiasmados por escuchar música clásica gratis, pero oh, todo cambió cuando empezaron a tocar. Sus expresiones fueron cambiando de la sorpresa al casi enojo, y entonces Willy empezó a improvisar con un globo. Ellos ya se querían ir pero el jefe de familia dijo, sí espérenme, nomás que este cabrón termine nos vamos. Estaba embobado, él, su hijo, y yo. Willy duró un buen rato sacándole sonidos impensables, al menos para mi, al globo, a Claire se le reventó pronto, pero él siguió y siguió, cuando pensábamos que eso ya era todo lo que podía sonar ese pedacito de hule él le hallaba más y mas. Duró alrededor de veinte minutos, quizá más. La familia entera aplaudió y se fue.

Algo que me ha gustado de él es que su pasión y actitud al tocar hace que la gente aunque nunca haya escuchado música “contemporánea” la disfrute. Recuerdo el único Instrumenta Oaxaca al que fui, estaba recién casada, mi esposo no es músico y tuvo que chutarse todos los conciertos, creo que una de las pocas cosas que le impresionaron gratamente fue ver tocar a Willy. Cuando salimos de uno de los conciertos encontramos una figurita de un esqueleto de madera tocando la flauta y la compró, le puso Willy. En varios recitales, sobre todo en los pocos que lo he podido ver acá en Puebla, su actitud hacia el público es educadora, pero no del tipo condescendiente de “educate ignorante”, sino del tipo “ven, acércate, escucha, te va a gustar”, y la gente reacciona, disfruta la música, sale sonriente.

Gracias a Facebook lo he conocido un poquito más. Siendo alguien tan conocido y tan tratado por muchos músicos y compositores yo no tuve chance de tratarlo, sólo como público; sin embargo por gracia y obra de la red social he podido ver aspectos interesantes de él y saludarlo de vez en cuando. Siempre está leyendo, le gusta la poesía, sin ser un activista de la red he podido ver su apoyo y empatía a varias causas que yo también comparto. Y por esa red me enteré que se va de México, y eso se sintió raro. Raro bueno y raro malo. No es que ya no regrese a tocar de repente, digo hay aviones y viaja de por sí mucho. Es que se siente como si México se fuera a quedar chimuelo, algo mudo, algo aburrido, algo menos interesante. Sé que sus alumnos en el DF y Morelia lo van a extrañar, que sus bandas lo van a extrañar, que yo lo voy a extrañar, como extraño los muchos conciertos, la música nueva tocada en vivo, como extraño a Morelia. De seguro el master estará muy bien, seguro esta experiencia nutrirá más su expresión y música, de seguro la siguiente vez que lo escuche me gustará aun más. Buena suerte, buen viaje, buen viento Willy.

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No one

Sí, a ti también te dijeron que eras maravilloso y único en el universo. También seguramente pensaste que el mundo no sabría qué hacer sin ti. Y sí, tal vez has encontrado a esa persona para la que eres el mundo, pero el resto parece no darse cuenta, todavía y tal vez nunca, del portento que eres.

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Una vez más ¿quién eres? Te levantas y caracterizas. Realmente no necesitas disfraz, maquillaje, ni siquiera público. Alguien dijo una vez que lo que eres cuando nadie te ve es lo que de verdad eres. Pero ¿eso es cierto? ¿No te has aprendido el guión de la circunstancia, del molde, no te limitas cada día, no sientes ser un tigre amarrado?

Y ¿si no eres un tigre amarrado ni suelto, si en verdad eres eso, eso que no ha terminado de cuajar, de hacerse un nombre, de tener un rostro, ese amasijo de carne y errores, de resentimientos y desentimientos, esa cosa que no ha logrado ser?

¿Hay alguien que sí lo haya logrado? Sí, lo hay. ¿Siempre? Es decir, quién lo logró ¿no siente a veces que lo pierde, que no es quién ha construido, que se amarró a la tramoya, que se volvió moviliario? ¿No el mantenerse sin un horizonte fijo te da la oportunidad de deambular y lograr muchos, no? ¿Sólo te pierde y te hacer perder tiempo verdad? ¿Ese es el costo del desprecio a las metas y las listas de propósitos, es el costo de tener variadas pasiones y no quererte decidir por ninguna, siempre estar llegando y no arribar jamás?

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¿Y si ya es muy tarde? ¿Si ya todos los puertos se han cerrado, si sólo te queda el mar abierto, el mal abierto, el todo abierto? ¿Si no eres, ni serás, ni fuiste, y tu memoria y tu nombre vagaran sin descanso, si tu rostro jamás terminará de ser?

Dices tu nombre y no responde nadie. Gritas ¿quién vive? Pero no te contesta tu eco. ¿No hubo nunca quién amara tu voz y la ama-rrara a algo que no fueran sueños? Si ya no te reflejas en ningún espejo, si al tocarte te vuelves tierra, si no llegaste. Nadie, nadie nadie, ¿sólo eres nadie?

quién eres

“Y soy yo mismo su violento impulso
al anegarme entre mi propia carne,
viviendo en ella defendido,
cómplice de mi ser que contra el tiempo me levanta
con su voraz sentir la vida dentro,
y me abandona a cóleras y miedos,
me hunde en témpanos de espadas,
cuando al mover sus aguas con mis labios,
en lucha contra mi recuerdo,
frente a formas ajenas a mi imagen,
como un abismo ya sin nada cercano al corazón,
en ella me refugio, convencido
de que existo en la vida de mi piel,
habitando el sepulcro de mi cuerpo.

Habito mi probable noche, mi laurel de adversario
sobre la arena trémulo abatido,
y viajo por mi cuerpo
en testimonio de que no existe un espejo
o simple fuente contra mí rebelde,
porque soy mi enemigo sentenciado,
mi propia víctima, la orilla
saciada entre sus límites, en un constante incesto
o presagio de mar que no requiere playa.” Debate del cuerpo (fragmento) Alí Chumacero

 

Subversión

Hay veces que ni siquiera el humor puede disfrazarte el dolor. Para mi hoy no es una de esas veces. Sin embargo la precisa y punzante hinchazón de una uña morada, aplastada violentamente por la mano contraria me dobló.

¿Qué dentro de mi está peleando conmigo? ¿Qué en mi interior quiere vengarse de mí? ¿Quién desde mi alma me castiga? ¿Quiénes soy que ni me conocen ni me tienen respeto o compasión? Una vez más ¿quién soy, quiénes soy, quiénes me habitan, quiénes me reprimen y censuran desde mi más recóndito y desconocido yo?

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Puedo escapar de la vista de los demás, no me importa su juicio ¿quién es cualquiera para juzgarme, qué méritos tendría si no vive en mi piel ni piensa con mis sesos? Pero aquí, en esto que habito y manipulo, en esto que no veo pero hago gesticular, aquí en mi única casa sobre la tierra, alguien me juzga, me castiga, se burla de mí, me boicotea, me humilla, me ridiculiza.

¿Por qué? le pregunto, tiene tantas razones que me asombra. También es tu mano, tu dedo, tu dignidad ¿por qué no te respetas, por qué te sigues burlando? Es dura e indiferente, responde lo que me duele y se calla lo demás, me mira sin alzar los ojos, a veces creo que me odia, que vive sólo para tronarme, sólo quiere verme confundida, anonadada, nada.

Me dan ganas de pararme en mi garganta, con antorcha en mano y gritar ¿quién vive? O de disparar metralla y veriguar quien era la muerta, con qué cara se me rebela, con que ovarios me hace golpe de estado. Me gustaría armar cientos de patrullas y arrinconarla, obligarla a rendirse, amarrarla con todo y bozal, y envenenarle a la hija, a la madre, a la abuela, a la tía, a las todas y a los todos, a todas las voces de los todos que toman su voz, a todas las bocas que la hacen gritar.

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Algo en mí tiene miedo de yo, y esta que escribe no suscribe esto.

Así es hoy

No es que en la post post modernidad el amor se haya descompuesto, es que nos descompusimos y lo disfrutamos, despreciamos las rutas de las personas del pasado y estamos confundidos con los nuevos páramos en donde no sabemos que hacer, pero, nosotros los elegimos. Esta es nuestra vida, nuestras decisiones y nuestra historia.

“Qué no nos daña en esta época post-moderna, post-humana?
La leche, el café, lo ácido, el amor, el desamor, la libertad, las mentiras, la política, la guerra, la indiferencia, la ilusión, la coca cola, el exceso de agua, las drogas, la religión…

Pobres de nosotros los seres humanos, siempre tan víctimas, siempre tan sufridos, siempre tan de moda…” Dharma P Olice

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Tengo tres intentos de escritos enlatados como borrador en este blog, creo que ahí se quedarán. Y esta entrada es sólo porque estoy cansada. Estoy cansada de tanta queja, de tanto descontento, de cómo es el amor ahora, de cómo es la amistad ahora, de cómo somos ahora.  Sí todo tan frío, sí pasamos horas en internet e interactuamos poco con gente tridimensional, sí ahora las relaciones se terminan cuando dejas a alguien en visto.

Todo el tiempo nos quejamos y todo el tiempo aquí estamos, resistiéndonos falsamente a las reglas del juego que nosotros fuimos inventando, que se adaptan perfecto a nuestra comodidad y nuevas maneras de enfrentarnos al mundo. Yo sé que no voy a dejar Facebook hasta que me aburra ¿eso sucederá? Y ya me cansé de disculparme “es que la mayoría de mis amigos más queridos están lejos”. Sí eso es cierto, y también que extraño el café cara a cara, un rostro amable al final de la jornada cuando el día ha sido particularmente asqueroso, unas porras de vez en cuando, sentirme en casa después del estrés de tratar de congeniar con rituales y reglas de una sociedad ajena en muchos puntos a la que estaba acostumbrada. Sí mis viejos amigos están lejos, pero hablar con ellos por chat ha creado nuevas formas de comunicación, aunque parezca paradójico muchas veces hemos hablado mucho más profundamente de lo que lo haríamos en vivo, más duramente, sin la necesidad de tener “compasión” porque no vemos su cara, no vemos como nuestras palabras lo están zanjeando. Esta plática remota  ha tenido sus ventajas, a veces ver estorba, a veces necesitas aprender a escuchar, no detenerte en el cuerpo y los gestos, ir al meollo e ir directo, sin concesiones, sin bla bla.

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También nos quejamos del amor. Y es lo más ridículo que podemos hacer porque el amor no está hecho, el amor lo hacemos. Lo que ha funcionado, lo que no funciona, lo que no funcionará, todo lo hacemos nosotros. Fingimos que no entendimos las indirectas de la indiferencia, el gesto primero de los celos, esos conatos de violencia, no vimos nada de eso porque no quisimos verlo; nos aferramos a lo que hemos querido, a lo que hemos soñado y no vimos nada más porque no se nos dio la gana. No es que en la post post modernidad el amor se haya descompuesto, es que nos descompusimos y lo disfrutamos, despreciamos las rutas de las personas del pasado y estamos confundidos con los nuevos páramos en donde no sabemos qué hacer, pero, nosotros los elegimos. Esta es nuestra vida, nuestras decisiones y nuestra historia. Amamos así, nos aman así, somos así porque desaprendimos todo, y no sabemos nada, y quejarnos es hipócrita, cobarde, pero sobre todo absurdo. No nos calan las recetas ni de nuestros padres y menos las de nuestros abuelos, por eso tragamos comida amarga, pero nueva.

 

¿Quién eres?

Me paro en la orilla del acantilado, siento el viento que me empuja y el aire que me recibe. Veo que otros abren sus paracaídas y otros surcan el cielo con alas delta. Y yo aquí, con diez dedos aferrados a los diez de mis dos manos ¿me atreveré a saltar? ¿Saltaremos de nuevo aunque nos desfiguremos los sueños otra vez? ¿Volaremos o caeremos en el irremediable mar?

Desde hace un rato vengo pensasintiendo que ya no estoy perdida. Por el momento cuando me veo en el espejo no quiero romperme, los ojos no me parecen de pez pescado, vuelvo a ver al fondo vida (la niña del fondo ha dejado de ahogarse y no me ve porque está nadando).

Pero ¿quién soy? Mas allá de todas la veces que me vi horrible, que odie mi imagen, que al despertar no podía creer que lo que tenía por delante ese día era mi vida; más allá de que me veo en camino, y sí resultó ser luz la del final del túnel; más allá de que unos cinco dedos pequeños se aferran a mi mano derecha y otros cinco gordos y grandes a la izquierda, y sí parece que vamos por el mismo rumbo; más allá de que estoy completa y los dueños de los dedos también. Más allá de eso ¿quién soy?

quién eres

Si ya no soy bonita ni joven. Si no tengo un gran reino, ni uno mediano, ni uno pequeño. Si no he llegado a la maestría y aún no tengo un libro impreso. Si mis ahorros son tan reales como los elefantes rosas. Si ninguno de mis títulos sirve más que como historia de lo que una vez fui, es decir estudiante. Si todo lo que tengo es a quién amo. ¿Quién soy?

Me paro en la orilla del acantilado, siento el viento que me empuja y el aire que me recibe. Veo que unos abren sus paracaídas y otros surcan el cielo con alas delta. Y yo aquí, con diez dedos aferrados a los diez de mis dos manos ¿me atreveré a saltar? ¿Saltaremos de nuevo aunque nos desfiguremos los sueños otra vez? ¿Volaremos o caeremos en el irremediable mar? Ya no sólo es mi pellejo, ya no sólo es mi historia, ya no sólo es mi vida. ¿Quién soy?

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“¿Quién soy yo? ¿Esto o lo otro? ¿Soy hoy una persona, y mañana, otra? ¿Soy las dos cosas a la vez? ¿Un hipócrita ante los demás, y ante mí mismo un despreciable angustiado enfermizo? ¿O hay algo dentro de mí todavía como un ejército vencedor, que huye en desorden de la victoria ya conseguida? 

¿Quién soy? Se burlan de mí estas preguntas solitarias. Quién quiera que sea, tú sabes, oh Dios, que soy tuyo”  Dietrich Bonhöffer

 

 

Raspado de A-moras amoréxtasis, y aMorales Helí

Y heme aquí, en tiempo de lluvias que también es, de alguna manera, de secas, trayéndoles una probadita de goce, de uno de mis libros favoritos que no es ni bíblico ni novela, ni cuento, ni poesía. Un libro que me hizo llorar, soñar, preguntar, y todo eso mucho.

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Bueno ya, aquí está un raspado solar sabor Amoras. Directo del capítulo 12 (Amor, éxtasis y arte), un fragmento de Psicoanálisis con Arte de Helí Morales Ascencio.

¿Hay algo mejor que un hermano?

Sigues conservando tu mirada de niño curioso y triste, y esa risa de bebé que hace que todo tenga sentido cuando la recuerdo. Tengo que parar, esto no puede ser eterno.

¿Hay algo mejor que un hermano?… Bueno, tal vez una hermana. El Zurdo Mendieta en la Prueba del ácido de Elmer Mendoza. 

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La noche antes de que nacieras me dio fiebre ¿ya lo sabías verdad? Toda la tarde anterior buscamos, en un carro prestado, un hospital para que nacieras. Mamá tenía un genio horrible, un poco peor al que tuvo todo el embarazo. Ahora sé que tenía razón, yo antes era muy tonta juzgándola porque no había sido mamá, pero tengo que decírtelo porque debes de saberlo, las contracciones se sienten como la muerte, el parto da mucho miedo, y los embarazos son horribles. Además uno se siente tan mal que aguantar una niñita con voz de “pito de nochebuena” que todo el tiempo estaba gritando, hablando y cantando no ha de haber sido nada fácil. Así era yo, como un grillito chirriador que no da tregua todo el día, porque bueno yo era un grillito diurno.

Fotografía de Yoshua García

Pero sabes mi mamá lucía mucho más viva cuando estaba embarazada de ti de lo que lució conmigo, tiene varias fotos con una enorme sonrisa para probarlo. No estaba enferma, e hizo una panzota que la hacía parecer carpa de circo con esas horribles batas de maternidad que se usaban en ese entonces. Imagínate que tan viva estaba que con tremenda panzota se subía a los camiones de “mosquita”, se trepó a mi triciclo Apache en la parte de atrás, y me apuraba para que fuera más rápido en las bajadas.

Cuando te fui a ver, al salir de la escuela, estabas tan chiquito que daba miedo cargarte, la verdad es que no sabía qué sentir ¿qué se puede sentir ante algo tan pequeño, tan chillón, tan tuyo y a la vez tan desconocido? ¿Te había contado que de bebecito te enseñé el tesoro más grande que había en casa verdad? Todo el ajuar de la boda de mamá, todo, el lazo, el ramo, y las arras, rayos, las memorables arras, y sí ya te dije que te tragaste una y que todos estaban tan asustados que ni se acordaron de regañarme. Yo quería contarte muchas cosas, y enseñarte muchas cosas, pero a mamá no le gustaba que te hiciera ruido, me aplicaron la de Pescetti en “me va nacer un hermanito”.

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A veces me costaba soportar a ese niñito metiche que todo el tiempo me andaba siguiendo. Pero cuando no me seguías me preocupaba dónde rayos estaría y qué rayos estarías haciendo. De repente te salía lo malvado, con los gatitos por ejemplo, otras lo retorcidamente tierno, como la vez que estuviste mucho tiempo viendo a través del pavimento los “ojitos” que brillaban en el subsuelo. Hasta que te mordió la mendiga rata. O la otra, que te sentaste encima de una cubeta protegiendo a una rata porque también esta tenía ojos bonitos, y no querías que por culpa de mi tía la mataran. Esa vez abogué por ti y por tu rata, porque tu obstinación me conmovió, sabía que era absurdo, que la rata iba a terminar muerta y que tú no ibas a durar tanto tiempo haciendo resistencia civil, pero intercedí por tu rata, porque la dejaran vivir y no te hicieran sufrir. Obvio valió gorro. Como la vez que pediste permiso para ir a jugar basquet a no se dónde, o como cuando papá te obligó a deshacerte de tus ídolos prehispánicos cuándo fuiste a Tula. Siempre que abogué por ti fue causa perdida.

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Fotografía de Yoshua García

Siempre admiré tu forma tan detallista de ver el mundo, tu capacidad para hacer música, tu ritmo, tu humor de anciano tierno, el oído para chiflar, es decir admiré lo mismo, eso tan imposible para mi, tan tuyo. Tienes un corazón muy extraño, es decir, mucho más tierno que el mío, pero puede ser increíblemente más duro, me sorprende como puedes deslindarte de las estupideces de los otros, esa manera tan tajante de defender tu yoícidad. Yo apenas estoy aprendiendo a hacer eso. Tu capacidad para la “tortura y la burla” rayos, yo nunca he podido, lo mío es lo visceral y directo. Tu puedes ser frío, concreto, y hasta sutil. ¿Cómo te caben tantos contrastes, como puedes sostener un temperamento tan bipolar, y no serlo, digo, bipolar?

Me gusta hablar contigo porque puedo ser directa, porque puedo discutir rabiosamente sin que nos lo tomemos personal, me gusta mucho enojarme cuando discutimos, porque no tenemos que ser políticamente correctos, aunque últimamente es difícil, hemos cambiado de códigos de habla, de pensamiento, de conducta, pero no de alma. Sigues conservando tu mirada de niño curioso y triste, y esa risa de bebé que hace que todo tenga sentido cuando la recuerdo. Tengo que parar, esto no puede ser eterno. Tengo que decirte una cosa más, pero lo haré en corto, y otra, y eso sí lo puedo decir aquí, espero algún día que algún abrazo mío se sienta como el hogar, así como los tuyos.

Fotografía de Lucila Mendoza

Eso no es amor

Dice también “el amor no hace nada indebido”, mi padre que lee griego me dijo en una ocasión que en el original dice realmente el amor no hace nada feo. No hace nada feo, que bonita y alta expectativa del amor.

 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser” 1a. Co 13:7-8a

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Uno de los pasajes bíblicos más manoseados, y así lo digo, manoseados, usados tanto y de una forma más que indecente es primera a los Corintios 13, donde San Pablo habla de la excelencia del amor. Y justamente los versículos que usé de epígrafe son, usualmente, sacados de su contexto, malinterpretados, usados como melcocha y/o como látigo, es decir maltratados. Este pasaje es usado para forzar “bíblicamente” a una mujer a quedarse con un marido violento porque el amor todo lo soporta, todo lo sufre, nunca se acaba. Es usado por mujeres que aun no han entendido que lo que viven es una relación de abuso y no una relación de amor porque el amor todo lo espera, todo lo soporta, nunca se acaba. Es usado para denostar el evangelio tachándolo de machista porque el amor todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta y nunca deja de ser.

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Sin embargo no es que San Pablo se haya puesto romántico y posteara en su facebook antiguo lo que sentía sobre el amor, lo haya mostrado a los demás apóstoles, obtuviera muchos likes y loves, y entonces la cristiandad decidiera que era muy bonito y por eso lo canonizaran. El pasaje está contextualizado justo en medio de las descripciones de los ministerios y dones espirituales. Los creyentes quiero suponer que saben de qué hablo, para los no creyentes básicamente se trata de las distintas cosas que los creyentes en Cristo deben hacer por los demás, ya sean creyentes o no, dones como ayudar, dar, aconsejar, pastorear, etc. En este pasaje San Pablo pone la preeminencia en el amor para decirle a los creyentes que si hacen un montón de cosas, pero no se dejan inundar en el amor de Dios, todo lo que hagan estará mal y no será trascendente. Entonces cuando habla de sufrir, creer, esperar, soportar, se refiere a lo arduo, difícil, desesperanzador, agotador, duro que a veces resulta servir a Dios y al prójimo. Para hacerlo debes sufrir, creer, esperar, soportar. Usarlo para justificar las agresiones de alguno de los miembros de la pareja, ya sea noviazgo o matrimonio, y para forzar al abusado a quedarse recibiendo toda esta violencia es inmoral, va totalmente en contra del espíritu mismo del pasaje y de todas las Escrituras.

No voy a tratar todo lo que dice la Biblia sobre como deben tratarse los esposos, o el trato que deben recibir y dar los novios, no. Se podrían escribir cientos de libros al respecto. Lo que sí voy a decir es que, justo en medio de la mayor exigencia que tiene un creyente en Dios, está una serie descripciones prácticas sobre lo que no es y no hace el amor.

“…el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;  no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.” vrs 4b-6 

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Diciéndolo en español de hoy, el amor no tiene envidia, no es presumido, no actúa de manera vana -y/o soberbia, y/o superficial, y/o prepotente-. Si queremos “ponernos románticos” y usarlo para hablar de las relaciones de pareja esta parte sí que se aplica. De hecho se aplica para todo tipo de relaciones, porque al final de cuentas los creyentes son llamados a que todas sus relaciones, con quién sea, sean relaciones de amor. Dice también “el amor no hace nada indebido”, mi padre que lee griego me dijo en una ocasión que en el original dice realmente el amor no hace nada feo. No hace nada feo, que bonita y alta expectativa del amor. No, el amor no humilla, no golpea, no ofende, no te dejará moretones, no te gritará, no te robará tu libertad, no te hará que dejes de amarte y respetarte. El amor no hace nada que dañe, lastime, o le quite lo “bonito” al otro. Seguimos, el amor no es egoísta, no está buscando como mostrar su ira, no disfrutará envileciendo o haciendo injusticias, y no, no estará coleccionando los errores del otro para echárselos en la cara.

Yo no creo salir bien librada ante estas exigencias, pero sé que ellas me protegen, y protegen a los demás de mi. De corazón espero que si alguien lee esto pueda verse y ver la forma en que está tratando y siendo tratado. Que no te cuenten que tienes que soportar a alguien “por amor”, que no te mientan “que el amor lo puede todo” mientras recibes injusticias, prepotencias, actitudes y acciones feas. Que no te engañen. Que no te engañes. Que no seas engañad@. Eso no es amor.

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