Avanti morocha!

Llegué al seminario en una tarde sofocante como la mayoría que recuerdo en Texas. El sol hacía brillar el asfalto y las banquetas, todo era amarillo arenoso, el ambiente asfixiaba, entonces la vi. Caminaba con alguien más, otra mujer, no tengo idea quién era, pero ella parecía ir en pasarela, delgada, alta, con una sonrisa demasiado pícara y unos ojos demasiado verdes, entonces mi hermano dijo ella es Blanca Santander.

La primera impresión dicen que jamás se olvida, la impresión que yo le dí seguramente no fue muy buena, la de ella para mí ha resultado inolvidable. No sé porqué. Después de ahí se borró de mi mapa varias semanas, tengo imágenes vagas de ella haciendo muecas de desaprobación hacia mí, pero eso no es raro, yo causo normalmente rechazo en las demás mujeres, son pocas a las que les caigo bien de primera vista. La verdad tampoco me importó mucho, el pequeño mundo del seminario con sus horarios estrictos, reglas -para mí- absurdas, el enorme caleidoscopio de rostros, costumbres y acentos “latinos” ocuparon intensamente mi tiempo y mi mente, eso y la nostalgia por México.

Blanquita y yo

No sé cómo, cuándo, ni por qué me empezó a hablar. Sé que fue ella quién se acercó a mí. Pero de pronto la vi ahí, cercana, como una confidente y cómplice. En ese tiempo la tristeza me la curaba a besos y como la tristeza me atacó en forma de amor traspapelado encontré un mexicanito bien puesto a servirme de cura. La cosa es que el mexicano en cuestión y yo nos besamos clandestinamente en uno de los edificios vacíos, -siempre estaban vacíos o semi vacíos los fines de semana, digo, siempre habían parejitas besuconas que los semiocupaban- y mi hermano estuvo a punto de entrar a ese edificio semi vacio donde su hermana se curaba la tristeza a besos, sino hubiera sido por la lealtad y complicidad de Blanquita Santander me hubiera agarrado con los labios en la boca. Igual no hubiera pasado demasiado, nomás la pena, el enojo porque el mexicanito en cuestión no era santo de su devoción, pero fue bueno que alguien me cuidara las espaldas sin saberlo y sin pedirlo.

Hay personas, pocas personas, que pueden llamarme como quieran, a ella le gustaba llamarme “viborita”. Es chistoso porque yo odié mucho tiempo que me dijeran así, “viborita” era como mi apodo obligado, siempre me lo decían con saña, con ganas de joder, ella no, en ella sonaba bonito, infantil, juguetón. Varias veces, sin querer, la caché dandose besotes felices con su novio en los salones vacíos y oscuros y en el pasillo del correo. Una de esas no se aguantó y me dijo Viborita te voy a poner un cascabel para escuchar cuando te acercas. 

Ella es paragüaya. Su acento es más suave que el argentino, habla guaraní y tiene una autoestima y seguridad como yo nunca había visto. Me contó que cuando llegó Texas se quedaba horas viendo hacia el sur, anhelando ver gente como la gente de su tierra, no morocha como yo, no güera como los gringos, sino de ese color sudamericano mezcla de alemanes, italianos, españoles y guaranís. Qué color tan lindo tenés vos me decía, Viborita si vos hubiera sido chico yo tendría muchos problemas, me dijo alguna vez. Después de regresar de vacaciones de navidad se me ocurrió llevarle dulces mexicanos, un tamarindo con azúcar, su expresión fue super graciosa, parecía gatito tratándose de limpiar la lengua, qué es esto viborita! Con nosotros, la horda de mexicanos, aprendió a tomarle gusto a las salsas, a soportar el picante y apreciar la comida mexicana. Cómo extraño los domingos en casa, decía, los cortes asados y el vino criollo. 

Ella se quedó a vivir en gringolandia, hace muchos años que no la veo, recuerdo mucho su sonrisa, su inteligencia, su segura personalidad; cuando la extraño mucho pongo la canción que dijo que era para mí: Avanti morocha de Los Caballeros de la Quema, y si de plano me agobia su nostalgia también me receto TutaTutá de los Auténticos Decadentes, porque me hacen recordar la noche después del horrible convivió de navidad, con un frío de perros, cantamos a los gritos mi paragüaya favorita y yo “se viene el TutaTutá”.

 

 

 

 

 

 

 

Anuncios

Hace seis años explotó una estrella

Un amigo me comparte un recuerdo suyo de hace seis años, de esos que nos hace favor Facebook de traer a la memoria, me hizo recordar que pasado mañana hace seis años tembló y yo estaba en el quirófano. En ese momento pensé que obviamente eso tenía que pasarme para completar, con cereza de pastel, mi evento desafortunado. Estaba a punto de experimentar un legrado.

supernova-1054-crab-nebula

De haber nacido mi hijo habría sido de octubre, estaría por cumplir 6 años, su nombre sería “Israel”. No pienso mucho en él, era él, niño. He imaginado muchas veces su rostro, sus ojos, no sé porqué pienso que tendría ojos tristes, que tiene en algún lugar ojos tristes. Digo que no pienso mucho en él porque de verdad no lo hago, aunque soy de vocación nostálgica no es él alguien a quién suela añorar.

Cuando supe que estaba embarazada de él no me dio gusto. Mi hija tenía a penas dos años, requería mucho trabajo, mucha atención, mucho dinero, todo mi tiempo era para ella y a veces me sentía exhausta, tampoco teníamos en ese tiempo tanto dinero como para otro bebé. Cuando me imaginaba con un bebé de brazos y una niña, aun bebé, de dos años que todavía no caminaba y era altamente demandante, me daban ganas de llorar y brincar del techo. Además tenía miedo de que también naciera con síndrome down. Sé que eso podría hacerme ver cobarde ante tanta madre tan madre, tan fregona, tan capaz. Pero no importa, tenía miedo, me sentía abrumada, no me atreví a atentar contra su vida, no es algo que yo podría hacer, también soy cobarde para eso. La mayoría de las veces que pensaba en él tenía que hacer un esfuerzo de optimismo para imaginar algo agradable, una visión feliz. Sin embargo cuando empecé a sangrar, cuando me dijeron que se estaba destejiéndo el saco, cuando me dijeron que el bebé tenía tres semanas muerto dentro de mi vientre y empezaba a corromperse, dolió.

¿Qué es un hijo? Antes de nacer es puro deseo. A veces es un deseo que no sabías que tenías. Un sueño, una ilusión, pura promesa, un nuevo comienzo, algo nuevo, desconocido, inédito. Tal vez hubiera amado a su hermana, tal vez pudimos bailar muchas veces bajo la lluvia, tal vez pudo ser mi persona favorita en todo el mundo, tal vez hubiera… Lo que sé es que todo lo que él era flotó en un frasco, menos lo inaprensible, menos lo inmarcesible e incorruptible de su ¿alma? ¿Un no nato de cinco meses tiene alma? Una estrella colapsó tan lejos que tal vez de anciana pueda ver por primera vez su luz.

Sé que mucho de lo que soy ahora, de cómo pienso ahora, de cómo siento ahora, tiene que ver con su ausencia, con la marca que su inexistencia corporal dejó en mi vida.  Nadie puede seguir siendo igual después de arrullar tres semanas a la muerte, de acariciarla, de esperar que sea algo más que muerte. Si lo que no te mata te hace más fuerte, después de seis años y dos abortos más, yo soy invencible.

explosion-2022_0

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lo que yo pienso del final de GoT

Estuve escribiendo, para otro medio, por varias semanas sobre los personajes, -sobre todo femeninos-, de la serie. Me gustó la experiencia pero no me quise quedar con las ganas de hablar, desde mi ronco pecho, sobre varios pensamientos que se me vinieron a la mente en las últimas transmisiones de la serie.

Primero que “susto” darse cuenta de su “globalidad”. Pensar que habíamos millones de personas alrededor del mundo esperando el final con ansia y luego viendolo atentamente es  escalofriante. Si lo pienso de forma más juiciosa me da vergüencita ser parte de esa gran masa que, de todo pueblo, lengua, idiosincrasia y religión estuvo atenta durante años a las transmisiones de la serie. Pensarme dentro de esa multitud que está siendo aleccionada y dirigida por algo tan poderoso que ni siquiera tengo claro qué es me causa inquietud. Pienso que las series televisivas en particular, y el entretenimiento en general, se ha vuelto la nueva gran religión universal. Tan así que nos agrupamos en familia, en grupos de amigos, incluso en comunidades más grandes, puntualmente cada domingo para no perdernos detalle.

Sin embargo aquí estoy hablando de la serie. 

Segundo los grupos de fans airados porque los capítulos finales de la serie no fueron lo que esperaban. Yo soy totalmente nueva en esto de ser fan. -Es la primera serie que desde el principio, cuando la encontré, seguí fielmente-. No sé si es común que se creen peticiones en Change.org para que los productores rehagan la última temporada de las series populares. Según yo esto es nuevo. Me parece increíble que algo así suceda, es decir, el mundo por todos lados se está cayendo en pedazos ¿y neta esa es la petición que se les ocurre hacer pública en Change.org?

Y sin embargo aquí estoy hablando de la serie.

¿Por qué? La primera respuesta, tal vez la más honesta, es que me gustó la serie, me atrapó. Después me parece interesante el fenómeno global. Y por último, tuvo personajes muy entrañables cuyos finales en la serie me parecen interesantes y cuestionables

juego-tronos-8x05-jaime-cersei-lannister.jpg

Jaime con Cersei

Me cae gordo que  digan que arruinaron “el arco” del personaje porque regresó a morir con la mujer que amaba. Él es el hombre más coherente con sus sentimientos de toda la serie. Todo lo que hizo lo hizo por ella. Incluso fue a pelear contra los muertos para que su último hijo pudiera vivir. Sí, tal vez en otro mundo, en otras circunstancias, con otra historia de vida, Brianne pudiera haber sido su amor; lo intentó, quiso quererla o tal vez de alguna forma la quiso, pero no así, no tanto. Todos, -espero que sí todos, porque si no que vida más aburrida-, hemos tenido el conflicto de quedarnos con la persona buena, que tal vez nos hará mucho bien, o con esa persona que a pesar, en contra, por encima y por abajo de todos, amamos. Y no me salgan que porque ese alguien sea “odios@” lo dejamos de amar. (Me encantó el amor de esos tres hermanos. El amor de Jaime y Tyrion, el amor de Tyrión por Cersei y Jaime, el amor/odio de Cersei por Tyrión porque si no hubiera sido amor, en la última negociación frente a la muralla ¿no pudo haberlo matado con la misma facilidad que mató a Missandei?).

dany dragon.png

La supuesta locura de Daenerys

Dany no se volvió loca, simplemente se dejó ser. Yo pensé de primer momento que su masacre hacia King´s Landing era un impulso, dejar fluir su odio regocijándose en lo vil de su comportamiento. Pero revisando sus actitudes, sus acciones, ese era su modo de “ganar”. Nos gustaba porque sólo quemaba “a los malos”, pero sus acciones “justicieras” siempre fueron una decisión unilateral desde su pedestal autoconstruido de grandeza. Su último discurso fue muy elocuente con su pensamiento, no hizo nada malo, nada impulsivo, fue un acto de justicia y de liberación. Creo que nos impactó porque la imagen de conquistador cruel, al menos en la Historia Mundial, siempre la ha representado un hombre; daba ilusión que una mujer conquistadora fuera distinta ¿pero una persona, sin importar su género, que haga su motivo de vida  conquistar y reinar sobre otros realmente puede tener una “mente distinta” a un tirano? Ya sé, la respuesta es tan obvia que no entiendo porqué nos sorprendimos.

bran

Bran rey de Westeros

La verdad no me disgustó pero tampoco me encantó en un primer momento, ni en un segundo. Pero escuché esto en una de los tantos análisis en youtube: “que un chico discapacitado, que deseaba morirse, al que intentaron matar varias veces, que no esperaba tener ningún futuro sobresaliente por su discapacidad, llegue al trono, me parece grandioso”. Y ahí sí no pensé tanto a nivel de personaje sino de impacto social. Hay muchos tipos de discapacidades tanto físicas como intelectuales, pero la peor es nuestra discapacidad para apreciar todo el potencial que tienen las personas “rotas” e improbables. El que ese niño, se haya convertido en el “Cuervo de tres ojos” y con ello en la Memoria de la Humanidad me parece hermoso, y que se haya privilegiado la historia, a la fuerza, la personalidad, o la capacidad combativa me parece esperanzador. Quisiera ver más personas con alguna discapacidad en lugares de gobierno, no para cumplir una cuota de corrección política, sino porque nos dimos cuenta de su capacidad. -Es decir que nuestra discapacidad no sea tan obvia no nos quita lo discapacitados, y que sus capacidades no sean tan visibles no les quita lo capaces-. Me gustaría ver también más historiadores en lugares de gobierno, creo que lo harían mejor que los economistas.

jon

El castigo de Jon

Sí fueron bien injustos con este personajazo. Siempre. Sí me dio tristeza. Qué bueno que no se quedó como lobo abandonado aullando sólo sus tristezas en el Muro. Qué bueno que se fue con los salvajes a los que no les importaba su apellido – no se pasen, hasta a Gendry dejó de ser bastardo y el jamás-, o su magnicidio, con los únicos que lo veían con agradecimiento, admiración y cariño, con Tormund, su lobo y, quizá, con otra Ygritte, en el único lugar dónde fue realmente feliz. Y él me hace pensar en que si la Historia la escriben los ganadores, los que se quedan en el trono o en el palacio de gobierno, realmente no tenemos ni idea quiénes son nuestros verdaderos héroes, esos a los que la libertad, los derechos, incluso los privilegios que tenemos, les costaron todo, su nombre, dignidad y, a veces, hasta su gran amor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Espejos

Mi espejo me miente, casi siempre. El espejo al que me estoy refiriendo es al del baño, tiene una luz potente encima a diferencia del de la recamara que está prácticamente a oscuras, eso me hacía creer que era confiable.

Me han salido manchas en la cara, manchas de sol sobre los pómulos abajo de las ojeras; mi cutis ha cambiado, antes nunca estaba grasoso y ahora es muy común encontrarme espinillas y “brillo” sobre la frente, ni cuando estaba puberta me pasaba eso. Mi cabello sigue “bonito”,  a veces debo despuntarlo, a veces es espectacular. Últimamente mis manos son un desastre, y ya sé que normalmente mis manos lo son pero ahora no deberían serlo porque me he afanado en cuidarlas, sin embargo es como si se resistieran, como si quisieran volver a ser de la niña que jugaba en la tierra y eso es muy frustrante. Contemplo mi cuerpo, algunas partes me gustan mucho, otras ni hablar, a veces quisiera pasarme encima una aplanadora o tener una rebanadora de jamón.

corinth-mujer-frente-al-espejo-pintores-y-pinturas-juan-carlos-boveri
de Carlos Boveri

Ya sé que debemos aprender a amarnos. Y a veces lo hago, en serio, me veo en el espejo, “arreglo” lo que tiene necesidad, resalto lo bonito, cuido todo, me pongo perfume y dejo que el cabello vuele, me visto como quiero ese día y a ratos hasta me siento flotar ¿sabes? A veces las miradas confirman que no me equivoqué, que los demás ven lo que yo vi. Todo parece ir muy bien hasta que me encuentro con una foto de ese día o con otro espejo. ¿Quién diablos es esa vieja fea que aparece ahí y trae mi ropa?

¿Fue Rosario Castellanos quién decía que era bonita de a ratos? No, creo que era Talita la de Rayuela. En algunas ocasiones me ha pasado que no me siento particularmente bonita, que me pienso desaliñada e incontemplable, entonces hablo con alguien y si a ese alguien le parezco brillante me hace brillar, si me ve hermosa es como si lo fuera, si me encuentra deseable todo en mi se torna deseo; cuando me vuelvo a ver todo eso que me han dicho ha tomado forma, soy eso, luzco así, es como magia. ¿Es Real?

Muchas veces pienso que los verdaderos espejos son los otros. Es muy peligroso, no es fácil encontrar un espejo fiel o al menos uno que mienta bonito.

d6db73d1c58d3b4422a907bec49cada8

 

 

 

 

 

 

Re-conocimiento

Camino en la calle distraída, de pronto una imagen demasiado familiar me sorprende y tengo que parar: esa mujer que camina alegre o triste, elegante o desaliñada, con paso seguro o cansancio, soy yo. Si me gusto me coquetearé, sonreiré mientras afirmo mi caminar y muevo el cabello al ritmo de la música (siempre en las calles de México hay música) que se escucha afuera o que escucho adentro. Si no me gusto trataré de componerme, de erguirme, quizá me preocupe mi aspecto y me ponga pensativa de porque me no me reconocí y cuando lo hice no me gusté. O puede ser que el disgusto sea tan grande que después de reconocerme voltee el rostro y prefiera seguir sin verme; sí hay días, ocasiones, momentos, en que no soporto mi imagen.

nueva-3.jpg

¿Quién soy yo? Soy la mujer que camina a ritmo, la que va feliz saboreando un beso cercano o lejano en la memoria, la que sonríe porque tiene una ilusión o un gozo que recordar. Soy la que va ensimismada, pensando en diálogos imposibles, en situaciones para armar con verosimilitud, la que discute con sus argumentos para ver si son válidos o se desplomaran, la que piensa en el futuro hipotético tan concienzudamente que se olvida de su cuerpo, de su imagen, mientras la imaginación y todos esos símbolos que trazan y destrozan se pelean. Soy la agobiada por la cotidianidad, por la vida que a veces es absurda, por la soledad y las decisiones estúpidas, la que piensa en todo lo mundano y repetitivo y de pronto se siente empequeñecida, tragada, engullida y quiere terminar de desaparecer. ¿Quién soy? ¿Alguna imagen es más cierta que otra, algún ritmo al andar es más preciso a mi latir? ¿Soy todas, soy ninguna, soy?

“No me representan” “No en mi nombre”. Escucho y/o leo esas frases y me da risa. ¿Cómo una mujer adulta puede decir algo así sin sentirse estúpida? ¿Quién te representa? ¿Por qué necesitas representación? ¿Tú no te bastas? ¿Alguien puede representarte? ¿Qué otro nombre puede hablar por ti sino el tuyo? ¿Cómo alguien puede hablar realmente en tu nombre? Muchas veces, en muchas luchas algo de mí se reconoce, trozos de mi existencia, de mis temores, dolores, angustias, insatisfacciones, reclamos. Algo. Muchas veces en una alegría colectiva me dan ganas de reconocerme; en la música de los otros, en sus bailes, en sus júbilos, en sus risas, algo de mi baila, ríe, se regocija, algo. Pienso, discuto, imagino con el discurso de algunos pensantes, religiosos, filósofos, activistas, feministas, algo en mí se piensa en su pensamiento; sí, en algunas cosas mi mente grita “sí”, sí así es en algunas ideas, en algo. Algo. ¿No es absurdo, infantil, inmaduro, querer calzar todo el mundo con una ideología, hacer que entre a fuerzas ese algo, algo tan grande como la vida? No, nadie me representa, sólo yo. No, nadie habla en mi nombre, sólo mi nombre.

silvia5

Re-conocerse es algo cansado. Re-conocerse es algo divertido. Re-conocerse puede ser demoledor. Re-conocerse puede ser un viaje inquietante y peligroso. Re-conocerse puede ser tan agradable como reencontrarse con amigos de la infancia. Re-conocerse puede ser tan triste como revisitar la infancia y darte cuenta que nunca perteneciste a ella. Re-conocerse puede ser tan reconfortante como sentarte en la mesa de la casa de tus padres y platicar con ellos por horas, sin dar explicaciones, sin contar de tu vida, sólo recorriendo el pasado y los chistes viejos. Re-conocerse puede ser tan añorante como las noches que platicaste con tus mejores amigos de todo lo que se les pudo ocurrir. Re-conocerse es como verte en los berrinches de tu hija y sonreír por ese algo que tiene ella de ti.

 

Nostalgia en chile verde con verdolagas

Últimamente se me han antojado mucho las verdolagas en chile verde.  Siempre que las pienso no puedo evitar recordar el terreno al que llegamos a vivir hace muchos años. La construcción estaba en obra negra y tapiaron las puertas y ventanas con madera, la “puerta de la entrada” era de costera -que no es más que “la piel de los árboles”-, por las noches se colaba todo el aire, no teníamos casi muebles ni dinero y comíamos casi a diario verdolagas que salíamos a recolectar al terreno baldío de atrás, también hongos. No le voy a decir porqué nuestro terreno era “tan fértil”, quizá usted pueda imaginarse el abono.

No voy a romantizar la pobreza, ni siquiera “esa” pobreza que yo viví de niña y de la que fingía no darme cuenta. Siempre he sido conforme, ha sido fácil para mí renunciar a los deseos de cosas, de antojos; si no hay no hay y ya, si sólo hay eso eso se come, y todo, lo que hay y lo que no, se agradece. No voy a romantizar mi infancia, esta vez ni siquiera voy a denostar “esa infancia” que fue la mía, sólo diré que la soledad me hizo leer mucho, que la tristeza o la decepción por ser excluida o despreciada la quemé con libros. No sé cuántos años soñé con pertenecer a un grupo, con que algunas personas, o alguna persona al menos, me reclamara como parte suya. Tampoco voy a romantizar la soledad, esa soledad que ha sido la mía, esa que a veces funciona muy bien porque puedo ir al cine sola, al café sola, puedo viajar sola y ser feliz. Pero a veces ha sido una maldita, una perra brava y rabiosa, a veces ha dolido hasta el hueso,  todavía sorprendo a la niña con los ojos llorosos deseando ser parte de algo o de alguien y sabiendo que nunca lo será. Desgraciadamente un excluido más otro excluido no forman un club de excluidos, sólo dos que no saben hacerse uno.

El-corto-La-Verde-Memoria-está-basado-en-la-autobiografía-de-la-infancia-del-poeta-Agüero--630x323

No voy a romantizar tampoco las verdolagas con chile verde porque no hace falta. Me encanta el chile verde, las enchiladas suizas verdes, la salsa verde en las memelas. Las verdolagas  son otro rollo, son las manos manchadas de mi abuelita, el olor a tierra mojada, perseguir conejos en la oscuridad, sentir que vivíamos en el campo aunque el terreno estaba en la ciudad, al aire colándose por las costeras, ver un sólo canal en blanco y negro en una tele del año del caldo, una pobreza que a veces se sentía idílica, pero que a veces también dolía porque las niñas tenían zapatos casi todas iguales, mochilas casi iguales y hablaban de cosas que yo ni siquiera me podía imaginar. Las verdolagas me recuerdan que cuando no cuento con nadie cuento conmigo, que puedo ser buena compañía aun cuando nadie lo cree, que puedo hacerme reír, pensar, que incluso en noches de lluvia, aire y frío me puedo abrazar y mantener caliente, que para consolarme no necesito a nadie más que a mí; y sobre todo que esto no es egocentrismo sino supervivencia.

Prepararme ahora verdolagas en es como un manifiesto de orgullo ante la pobreza, la soledad y la lectura; como un cobertizo contra el frío, contra la falta de café, contra el abandono y exclusión; como un conjuro para traer con la mente la voz mi abuelita y sus manos pecosas haciéndome piojito, como hacer sonar la bolsa del alimento para atraer a los conejos, como volver a mi infancia con menos realidad y por lo tanto más soportable. Pura nostalgia con sabor a tierra y demasiado verde.

4357658



 

Muñecas

En la mañana vi un video dónde contaban la historia del “Hacedor de muñecas”: un respetable historiador y restaurador de arte hacía muñecas con niñas reales que robaba de los cementerios. Se dieron cuenta, la policía, no tanto por el escalofriante aspecto de las muñecas sino por el olor. Un sutil olor pútrido, disfrazado, pero insistente.

No puedo dejar de pensar que tan metafórico es este caso. Tenemos nuestras muñecas, nuestros títulos, nuestros oficios, menor o mayor grado de respetabilidad. Algunos podrían decir cosas muy buenas sobre nosotros, otros tal vez muy malas pero no tan ciertas. La profunda realidad de nuestros rostros no es visible ni a nuestros amigos ni a nuestros enemigos.

¿Qué ve la gente cuando me ve? ¿Qué escuchan los otros cuando me oyen? Lacán hablaba de un resorte agresivo escondido en cada buena acción. Me sorprendo -a mí misma- todo el tiempo, a mi yo, que no sabe cual yo es, si el “verdadero” o el que cree ser el “verdadero”, tratando de tener juicios empáticos, esperando que cuando mis jueces me observen desde la tribuna puedan ser empáticos también. Me sorprendo mordiéndome la lengua -a mí misma- cuando se me va de la cerca y juzga por sí sola, porque cada lenguetazo viperino me envenena, me arde, me daña. Cuando me entero de los juicios que otros hacen sobre mí me sorprende que el juicio sea tan trivial y la sentencia tan dura, no me imagino a qué me condenarían si supieran “la verdad”.

Tarde o temprano alguien notará el olor a podrido. Alguien se dará cuenta de la mierda que rellena mis muñecas, alguien verá con horror mi desbaratado engaño. ¿Qué sentiré en ese momento? ¿Alivio? ¿Me cagaré de risa, de nervios, de miedo, de gusto? ¿Será pronto y habrá remedio? ¿Será demasiado tarde y sólo me quedará el cadalzo por futuro? Sé que en ese momento no tendré compañeros, que esos pasos al patíbulo los caminaré sola. La misericordia humana se ahoga en la vergüenza de la honra perdida, sólo me quedará apelar al Juez.

La extrañeza de los vínculos

Me siento todos los domingos a comer con personas que no tienen idea de lo que he hecho en la semana, que no me reconocen mas que como la esposa de alguien, la madre de alguien, la algo de alguien que ellos quieren; la única razón por lo que ellos se me acercan es por el valor que me da “su otro”.

Todos los sábados y domingos toco con personas que no darían tres pesos por lo que escribo y sin embargo sé “que me valoran por mí”, por algo que puedo hacer yo, por algo que les agrada de mí y los parece útil, agradable o simplemente aceptable dentro de la relación que tenemos.

Todos los días cuido, alimento, crío a una niña que no puede leer lo que escribo y no sé cuándo podrá hacerlo, pero sé que ama mis palabras, el sonido de mis palabras, que le encanta escucharme leer en público y que admira tanto lo que hago que el sábado pasado en una lectura pública repetía mis palabras en voz alta mientras yo leía.

Todos los días duermo y despierto con una persona que rara vez lee lo que escribo. Sin embargo ¿me lee? ¿Qué lee de mí? Me toma la mano a veces en las tinieblas aunque no las vea, me abraza aunque él no le tenga miedo a mis monstruos, balbucea con mis monólogos en glíglico aunque no tenga idea de quién inventó ese lenguaje. Me apoya, apoya una pasión que no comparte, sé que por sí misma no le importa, pero la sostiene desde ahí, desde él.

Cada vez que sé que mi familia de origen puede leer algo que yo escribo mi corazón tiembla. Sé que hay tanto con lo que no pueden estar de acuerdo, tanto desagradable o discorde a su pensamiento. Mi corazón se hace pequeño ante la sentencia del juicio que por respeto, cariño, desesperación, no llega; ante el silencio con el que responden a mis palabras. Y entiendo el silencio, trato de no poblarlo con mi prejuicio. Mi corazón escucha a lo lejos decepción porque podría escribir sobre tantas cosas, cosas tan trascendentes, eternas, grandes, porque podría haber sido tan grande y resulte ser sólo yo. Mi corazón escucha a lo lejos pero he decidido no contestar, no con palabras, no con prejuicios, sólo callar, sólo amor porque el amor ¿necesita palabras?

Cada vez que escribo algo espero a los amigos, sus reacciones, sus palabras para apoyar, discutir, disentir, cuestionar. Porque pienso, todavía pienso en las palabras como un puente, como una mano que se estira para tocar otra mano, esa ilusión del unívoco camino por tramar y transitar. Mandé botellas al mar con nombre y dirección por meses y me he cansado, no más, todas mis botellas irán al mar sin destinatario específico, dejaré de buscar la respuesta de mis “ellas y ellos”. Alguien me escucha, alguien discute, alguien contesta, alguien me escucha y debería gritarlo: sí alguien me escucha! Algo de mis palabras en alguien resuena, para alguien tienen sentido. Creo que estoy haciendo trama y me doy cuenta que su trama no es la mía. Hago camino y me doy cuenta que no hace una ida y vuelta. Cavo túneles y por más que nos gritamos en la oscuridad nos perdemos en el laberinto. ¿Dónde está ese alguien? ¿Nos encontramos, al menos estamos cerca de hacerlo? Entre más camino, mi voz se pierde en las cuevas, entre más busco mi voz se asfixia en los rincones, se vuelve más frágil.

 

 

 

 

La caducidad de las palabras

 

“Una de las cosas más sabias que toda persona debe aprender es que todas las palabras, dichas personalmente, tiene fecha de caducidad”. Escribí en un texto llamado “Caducidad” el 6 de abril del año pasado. Yo ahora corregiría: todas las palabras dichas, por cualquier ser humano, tienen fecha de caducidad.

Hace unos días llegué con mucho tiempo antes a una cita y recordé que me habían comentado que cerca del lugar había un café donde podía desayunar unos molletes, tomar un café rico, e ir al baño. Haciendo memoria y recolección de las pocas pistas di con el lugar. Efectivamente era ahí, era la dirección, coincidía con las señas, tenía su letrero afuera, es más tenía la cortinilla abierta, pero no pude acceder a él, no pude pedir ni obtener nada, era inútil que lo intentara, el café había quebrado, lo estaban desmantelando. No podía reclamarle a las personas que estaban descarapelando la pared, no podía quejarme con la persona que me dio el dato, todo lo que me habían dicho de ese lugar ya no existía y no había sentido alguno en buscar culpables o exigir que se me cumpliera algo. Simplemente “había caducado”.

Un negocio es lo contrario a “lo personal”. Una dirección, una ubicación, un lugar, no es algo caprichoso, voluble, por lo regular uno piensa en un dato así como algo perenne, incluso trascendente. Sin embargo un cambio de economía, un terremoto, una guerra, puede hacerlos caducar. No sólo a los negocios, también los barrios y ciudades son vulnerables, incluso hay países que han cambiado su nombre, que han sido absorbidos por otros, que han desaparecido del mapa. Nosotros los mexicanos tenemos un muerto que no termina de hacerse polvo en nuestra denominación de origen, México Tenochtitlan ya no existe, ni siquiera tenemos idea de cómo se pronunciaba en realidad, pero ¿en verdad ese lugar ha caducado del todo?

Si las ubicaciones geográficas y sus nomenclaturas perecen ¿qué podemos decir de los vínculos personales que fungen como otro tipo de ubicación? Padre/Madre/Hijo/Hija de, Esposo/Esposa de, Novio/Novia de… Le tenemos tanto miedo a aceptar la muerte de los vínculos que hemos creado palabras que alargan el duelo por las relaciones perdidas y nos ubican de otra manera en relación a la persona que ya no es lo que solía para nosotros, es decir para superar una ruptura de vínculo creamos otro, las palabras viuda/viudo de, huérfanos de, o el prefijo “ex”. Cuando murió  mi abuela, mi sobrina de cuatro o cinco años se acercó a mi madre y le dijo -no llores, yo ahora voy a ser tu mamá. Después de un tiempo no muy largo, la niña se sintió muy molesta con mi madre, seguramente no la trató de la manera que esperaba la tratara su “abuela/hija” y con la misma seriedad que le había prometido ser su madre le dijo -ya no voy a ser tu mamá. ¿Qué significó para una niña tan pequeña “ser mamá” de su abuela? ¿Por qué necesito crear ese vínculo? ¿Qué le hizo retractarse? Parece imposible saberlo ¿cómo hacer que una niña de esa edad explique, articule razones tan complejas? Pero ¿los adultos podemos hacerlo? En relaciones tan “naturales” como las de maternidad/paternidad podemos explicar qué significa ese vínculo? ¿Qué significa, acercándome más a mi experiencia, ser madre? ¿Yo puedo explicar por qué sentí “la necesidad de serlo”? ¿en qué momento, si antes, durante el embarazo o hasta después del parto me sentí “madre”? ¿Siempre ha significado para mí lo mismo en relación con mi hija y en cada uno de mis embarazos? ¿Puedo explicar cómo se siente cuando por alguna razón ese vínculo se ha roto? Y eso que no existe una palabra para la ruptura de esa conexión, una no es la “exmadre” de alguien, ni deviene “huérfana de hijo”, mucho menos existe el lenguaje para denominar cuando el vínculo prenatal se extingue, porque ni idea tenemos en realidad qué tipo de vínculo es el que existe en ese momento. Cuando alguien dice “feto” y otro piensa en “bebé” evidentemente no se está hablando de lo mismo, aunque exista en un vientre ubicable un conjunto de células de tal edad que crece y está deviniendo humano. Una usa palabras que al darles tal o cual sentido, al darles sentido, al arrancarlas de su “materialidad” para volverlas historia personal, o Historia, las hace caducar por primera vez. Todas las palabras nacen de una primera muerte, de la muerte que le damos a la cosa en sí al nombrarla. Las palabras que no se dicen son las que no caducan, pero si no se dicen ¿existen? ¿Existe realmente la ruptura de vínculo entre una mujer y su hijo no nato? ¿En qué semana empieza existir el vínculo? ¿Cómo se llama el vínculo y su término? El aborto al fin es también aborto de palabras, palabras que nunca podremos pronunciar porque se gestaron en lo oscuro, porque la matriz y la tumba tienen el mismo sol, nunca percibimos su imagen, no alcanzamos a vislumbrar su materialidad, todo un idioma ha muerto y se ha destejido, se perdieron conjunciones y sonidos inauditos, constelaciones de metáforas se apagaron en el grito de lo innombrable, el legado articulado por siglos se trizó sin hacer ruido, algo que ojo no vio ni oído oyó ha dejado de existir, se ha vuelto eterno porque nunca pudo ser dicho, porque nunca pudo ser nombrado.

Los demás vínculos, los que sí tienen nombre, tiene fecha de caducidad. Ya sea que los rompa la vida o los disuelva la muerte, y ante ellos todos somos tan “inocentes” como mi sobrina al formarlos como al romperlos. Creemos que cuando proponemos y aceptamos un tipo de relación ambas partes estamos hablando de lo mismo. Queremos creer que entendemos lo que piensa o siente un padre o una madre, lo que debe pensar o sentir un hijo respecto de sus padres. Las palabras que usamos para tramarlos nos engañan, somos sujetos de un malentendido que nos cobija, sostenemos con palabras y emociones la vigencia de las palabras que forman el vínculo y nos mantienen suspendidos en el mundo. Tener padres, tener alguien que nos ame, alguien a quién amar, tener amigos, nos coloca a cubierto, no estamos a la intemperie emocional, relacional, importamos para alguien y en ciertos espacios nos esperan, nos añoran, nos preparan lugar. Al descoyuntarse el vínculo la angustia es inevitable. Los vínculos traen consigo no sólo una posición que se pierde al romperse, también definiciones, especificaciones, valoraciones, sobre los que los forman. Al perder a alguien una pierde también lo que era para ese alguien, deja de ser el “amor”, el “corazón”, la “cosa rara”, “la bala rasa”, “la “vida”, “el sol y las estrellas”… por muy cursi, banal, absurdo que suenen esas palabras, que no significaban nada para otros pero mucho para quién las recibía, al caducar dejan vacío, un no lugar, una sensación de no saber quién se es. Porque los vínculos no sólo traen palabras cursis y bonitas, también nos “muestran” que tan capaces somos o no para ciertas cosas, que tan agradables o desagradables somos, nos llenan de marcas que nos dan o quitan valor, nos engrandecen en algunas cosas desproporcionadamente y nos empequeñecen, también desproporcionadamente, en otras. Nos deforman, nos maquillan, nos dignifican, nos destruyen, nos escriben. Cuando los vínculos caducan ¿caducan también todas las palabras que nos dieron?

Las palabras de amor sólo pueden ser definitivas, categóricas, imprudentes, vehementes, poderosas, porque no hay amores tibios. Dan la sensación de ser eternas:

“Tengo esa voz tuya para toda defensa

Esa voz que sale de ti en latidos de corazón

Esa voz en que cae la eternidad

Y se rompe en pedazos de esferas fosforescentes…

¿Qué sería la vida si no hubieras nacido?

Un cometa sin manto muriéndose de frío…

Mí alegría es oír el ruido del viento en tus cabellos

Mi gloria está en tus ojos…

Tu voz hace un imperio en el espacio

Y esa mano que se levanta en ti como si fuera a

    ( colgar soles en el aire

Y ese mirar que escribe mundos en el infinito)…

Si tú murieras

Las estrellas a pesar de su lámpara encendida

Perderían el camino

¿Qué sería del universo?”

(Fragmentos del Canto II de Altazor, de Vicente Huidobro)

Uno hace cartas de amor, votos, juramentos, canciones, como un conjuro, desesperadamente, para salvar al amor, para que no se corrompa, para que se mantenga vivo, fuerte, ardiendo. Dice Zygmunt Bauman Mientras está vivo, el amor está siempre al borde de la derrota. Disuelve su pasado a medida que avanza, no deja tras de sí trincheras fortificadas a las que podría replegarse para buscar refugio en casos de necesidad. Y no sabe qué puede depararle el futuro. Nunca adquiere la confianza suficiente para dispersar las nubes y apaciguar la ansiedad. El amor es un préstamo hipotecario a cuenta de un futuro incierto e inescrutable…

¿Realmente caduca, pierde verdad, sustancia, se corrompe su esencia? Mi padre me contó una anécdota: una mujer lleva su anillo de compromiso a la joyería y le pregunta al joyero si el anillo es falso, el joyero lo observa por unos minutos y después le pregunta ¿hace cuánto se lo dieron? Veinte años, contesta ella. Por supuesto que es falso, sentencia el joyero. Cuando un vínculo se rompe ¿qué se hace con tantas palabras muertas? Y no estoy pensando forzosamente en rupturas radicales, uno huele la podredumbre en las palabras cuando la amistad, el amor, la hermandad, el cariño, se ha echado a perder. Puedes seguir ostentando el título y la ubicación, pero uno sabe cuando está tomando ya “amor caduco”. ¿Qué hacer con las palabras de amor muertas? Jaime Sabines propone usar una semana para reunirlas y luego prenderles fuego. Me hace recordar un poco lo que sucede en El Norte de Muro, de la serie Game of Thrones. Si no se quema a los muertos en la noche regresarán como muertos vivientes. No quemar las palabras, no sólo las escritas sino las atesoradas en la memoria, podría propiciar lo siniestro, “la amargura de un corazón roído” como diría Chumacero, lo insalubre de vivir con un muerto, apestar a muerto, infectarse con la podredumbre, enfermarse, morir. Hace falta quemarlas por salud pero también por amor, por dignidad, si algo fue de verás, de verdad existió, hay que hacerle un sentido y bonito funeral, hay que darle cristiana sepultura. Despedirse de eso a lo que uno sintió devoción, de esas palabras que se tomaron como escudo, como alimento, como hogar.

Quizá las únicas palabras que no caducan son las mentiras. La única forma de hacerlas caducar sería desmintiendo, pero un mentiroso no quiere desmentirse quiere mantenerse creíble, sabrá usar como manto toda la verdad que esté a su disposición, buscará incansablemente mantener viva la mentira, incluso hacerla trascender. Y si estamos hechos de palabras que triste que de la humanidad esas sean las palabras que nos muestren, que al final nuestra verdad sea la mentira.

¿Pero así es realmente? Inicié hablando de un café al que no pude entrar, de unos molletes que no me pude comer, de un café rico que no me quitó el frío. Al hablarles de él ¿no lo resucité por breve tiempo? Dije además que los mexicanos tenemos un muerto haciéndose polvo en nuestra denominación de origen, pero al llamarnos a nosotros mismos mexicanos ¿no hacemos que se traiga a la memoria ese imperio que ya suena a mito? Cuando algún extranjero en algún país remoto dice “mexicano” el significado no está vacío, quizá pensará en Cuarón, en el Chapo, en Paz, en alguien simpático y querendón, en alguien que cuando le preguntan algo contesta ¿mande?

Nosotros los humanos le hacemos trampa a los gusanos, al polvo, a la muerte.

“Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy

El río anuda al mar su lamento obstinado

Abandonado como los muelles en el alba

Es la hora de partir

Oh abandonado”

¿A quién tenía en su recuerdo Neruda cuando escribió la canción desesperada? ¿Importa? ¿Importa si existieron realmente Julieta, Madam Bovary, la Sulamita, la mujer que amueblaba el mundo con lo ojos? No sólo inventamos las palabras viudez, orfandad, el prefijo “ex”, también aprendimos a socorrer a las palabras moribundas, a conservar su pasión un poco más, hasta poder invocar la vida sobre ellas y lograr eternizarlas. Yo sé que mi abuelo paterno al que nunca escuché vender gelatinas gritaba jaletinas!! Yo sé que mi abuelo materno me decía “bala rasa” aunque hace poco entendí qué era eso. Yo sé qué significa mi nombre y busco que no caduque, por eso escribí un libro y abrí un blog, básicamente por eso estoy aquí. Quiero que te lleves mis palabras, que alguna logre sobrevivir, incluso quiero que recuerdes a mi sobrina, a mi madre, las historias de mi padre. Por eso hablamos, por eso escribimos, por eso cantamos. Porque en el principio era el Verbo y sí también en el Principio era el Amor, porque fuimos hechos a su imagen y semejanza, y así se nos dio la capacidad de hacer que las palabras, aunque ya estén tan secas como huesos secos dispersos en el desierto, al escucharnos de nuevo, se unan, se pongan de pie, y resuciten formando una vez más un ejército que pelee contra el olvido, la muerte y la caducidad.

2 de Febrero del 2019, ponencia para la Sociedad Psicoanalítica Freudolacaniana

 

 

 

Madre=arma

Madre pinza. Arranca dientes, arranca pelos, arranca mañas, arranca sueños. Madre fuerte todo poder, poder discreto, poder titiritero, poder punitivo, poder judicial, poder verdugo. Poder curativo, madre forceps, madre tijera, manos hábiles, manos suaves, rudas, manos lampiñas, manos firmes, manos pinza, madre pinza.

Madre mazo. Aplasta, voz que aplasta, clava. Madre que juzga, esto se rompe, este se afirma, esto estorba, estructura. Nadie escapa de los golpes de su lengua. Madre firme todo poder. Poder que rompe, astilla, des me nu za. Poder que afirma, une, levanta. Arma.

 

camilleMedicine.gif

 

Madre bisturí/puñal. Puñal hacia afuera, nadie toque, nadie juzgue, nadie dañe, alrededor de mi pequeño dios, nadie. Bisturí hacia adentro, madre discierne, madre penetra, cortes certeros, pulso inequívoco. Madre artista, madre carnicero, madre filosa. Salva la vida, el futuro, el corazón. Madre corta.

Madre aguja. Tapiz de carne. Vestido de piel, Sutura, puntadas discretas, puntadas hermosas. Cose, une, forma. Arma. El carácter que visto, los modos que uso, la mirada que porto, ella los hiló.

Madre navaja. Tus palabras me escriben en la superficie. Cada una de las letras. Cada signo. Madre en mis manos. Madre en mis ojos. Madre en mis juicios. Soy tu libro. Demasiado terrible para leer.

 

adora y camille 1.gif

 

…para sobrevivirme te forjé como una arma*

Madre tumba. Desde el vientre. Desde su boca protectora. Desde ese asfixiante espacio lleno de amor. Madre tierra que traga, que se cierra encima, llena de rosales. Madre hermosa por fuera, rellena de huesos y carroña. De todo lo que no nació. De todo lo muerto.

Sé el terremoto que siempre deseaste, ábre-te, rómpe-te, deja salir.

 

*Poema 2, Neruda Pablo, Veinte poemas de amor y una canción desesperada.